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Upupa epops
a larga y eréctil cresta de color
pardo acastañado o canela con las puntas negras, es un rasgo inconfundible para
identificar a la Abubilla Upupa epops. Pero sus alas blancas y negras, el blanco
obispillo y la cola negra con una banda blanca en el centro, forman un conjunto llamativo
que hace a este pájaro fácil de identificar aun por personas no habituadas a la
observación de las aves. La coloración del plumaje del cuerpo es variable. La parte
superior de la espalda, la cara y laterales del cuello son pardo rosados con un tono gris
en muchos individuos; el resto de la espalda es negro bandeado de blanco y las partes
inferiores, garganta y pecho, tienen un tinte rosa-vináceo característico; el vientre es
blanco. El largo pico es delgado, curvado hacia abajo y de color negruzco con la base de
la mandíbula inferior gris; las patas y los pies son grises y el iris de los ojos pardo. Las hembras se parecen mucho a los
machos, pero falta en su plumaje quizá el acusado contraste de los colores y en muchas de
ellas no es tan vivo el color vinoso del pecho y la garganta. Los jóvenes de ambos sexos
antes de la muda completa entre julio y noviembre, carecen del tinte rosado en las plumas
del cuello y pecho. La Abubilla posada en el suelo y
tranquila, mantiene la larga cresta de 28 plumas recogida hacia atrás, pero en cuanto se
alarma la despliega y al volar muestra sus alas redondeadas con el dibujo tan
característico blanco y negro, batiéndolas perezosa pero potentemente y trazando en su
recorrido por el aire una figura ondulada. No vuela por largas distancias y pronto se
vuelve a posar, aunque se haya levantado alarmada. Se posa también en árboles, pero
mucho más a menudo en cercas, muros, bordes de carreteras, cunetas, caminos, postes,
casas, basureros, montones de tierra, estiércol, etc. Siempre se la ve solitaria o en
parejas, y normalmente guardan distancia apreciable entre una y otra. En determinada zona
pueden ser numerosas sobre todo en migración, pero se mantienen distantes caminando por
los prados con pasos cortos, pero rápidos, deteniéndose continuamente a observar el
suelo o los intrusos que se aproximan. Frecuenta mucho los viñedos, campos
cultivados, en especial las orillas de éstos, dehesas, riberas, bosques, linderos,
olivares y en migración también se ve en campos costeros. No rara vez a alturas
superiores a 1.000 metros, pero sólo ocasionalmente por encima de los 2.000. La barrera
en altitud son bosques caducifolios viejos, escaseando en prados de alta montaña donde no
falta, sin embargo, en migración. Parece claro que referente a comportamiento hay dos
clases de abubillas. Unas, son tímidas y alarmistas en cuanto nos acercamos, volando
enseguida con espaciados batidos de alas y otras se introducen en los pueblos, jardines,
patios, y se posan en los tejados de casas y chabolas sin asustarse de nuestra presencia.
Existen en numerosos lugares múltiples leyendas y creencias relacionadas con este
pájaro, desde las que anuncian la llegada de la primavera, hasta las fantásticas sobre
la capacidad de la Abubilla para señalar la presencia de agua subterránea en zonas
desérticas por el simple hecho de verla golpeando el suelo con el pico. También se le
atribuyen propiedades medicinales y curativas y por aplicación de partes de su cuerpo se
mitiga el dolor de cabeza, la pérdida de la memoria, los cólicos y otras muchas
molestias más que el hombre sufre y que el inglés Dawson (1925) recopiló. De gran valor
debía de ser la que se refería a que si se escuchaba insistentemente la voz de la
Abubilla antes de prensar la uva ello pronosticaba una buena vendimia. Su voz es inconfundible y antes de que
la divisemos posada en el suelo se escucha un profundo ¡¡uup-uup-uup!! repetido y que
posee un gran alcance. El pájaro adopta a veces curiosas posturas al cantar, estira el
cuello y se bambolea. Tucker menciona otras notas menos frecuentes como un castañeteo de
advertencia o irritación y un curioso maullido ¡¡kiaouu!! Canta casi todo el año, pero
más intensamente a partir de los primeros días de marzo. También ocasionalmente en el
invierno y se la puede escuchar, aunque, no muy a menudo, en enero y diciembre. Se alimenta sobre todo de insectos y
sus larvas. Con el largo pico rebusca entre la hierba o lo introduce por agujeros y
grietas del suelo,
extrayendo grillos comunes y cebolleros con gran habilidad; coleópteros y sus larvas,
ortópteros (larvas de saltamontes y langostas, lepidópteros, dípteros, himenópteros,
etc.). Muchas de las presas son diminutas y entre ellas están las hormigas, sus larvas y
huevos, pero otras tienen un gran tamaño, sobre todo los escarabajos y los grillos.
Levanta pequeñas piedras y captura ciempiés y lombrices de tierra y durante la
reproducción lleva al nido pequeñas lagartijas. El celo comienza a
manifestarse a mediados de abril y los machos luchan entre sí, pero más frecuentemente
parece que lo hacen por un nido viejo que por una determinada hembra. Se dice que se
emparejan de por vida y está bien comprobado que la misma pareja si sobrevive ocupa
idéntico lugar para anidar e incluso el mismo agujero en un árbol del año anterior.
Como los huecos en árboles son cada vez menos frecuentes, ahora se ven muchas abubillas
anidando en entrantes de muros, edificios, desvanes, grietas, ruinas, desagües, bocas de
alcantarillas, etc. En bosques siente predilección por viejos troncos caídos en el suelo
bien en su interior o bajo ellos. La hembra limpia bien el hueco o agujero echando fuera
toda clase de materiales que encuentra dentro. Si es un antiguo nido de pájaro carpintero
no deja siquiera la viruta de la madera. Sus actitudes entonces recuerdan mucho a las
similares del Torcecuello Jynx torquilla, pero parece abstenerse de entrar en nidos
ya ocupados, no como aquél que destruye una gran cantidad. A pesar de ello y como los
machos cortejan a las hembras incluso cuando éstas están dentro de los agujeros
llevándoles comida, pronto hay allí una buena cantidad de residuos quitinosos. A menudo
se ven también algunas plumas y briznas de paja y cortezas, pero no realmente un nido
como tal. Sobre ellas ponen desde la última decena del mes de abril de 5 a 9 huevos, más
a menudo 6-7 y se han encontrado puestas de 12 huevos, pero parece poco seguro que sean de
una sola hembra. Son dejados con intervalos de 24 horas y la hembra incuba desde la puesta
del primero. A veces está sentada allí dos días antes de comenzar a poner. Algunos
ornitólogos han observado al macho llevando al nido trozos de estiércol de vaca,
excrementos de oveja, cabra y cerdo. Con éstos y los suyos, más los restos de insectos,
el olor que desprenden los nidos y los propios pájaros no es para describirlo. Esta
situación parece ser buscada de propósito por la Abubilla como medio de defensa contra
posibles depredadores, pero la teoría es poco consistente puesto que esta especie sufre
frecuentes depredaciones en los nidos sobre todo por lagartos que permanecen al acecho y
en cuanto la hembra sale del nido, aunque sea por breves momentos, roban huevos y
posiblemente pollos pequeños. Los huevos son blancos o gris muy claro, lisos y sin
brillo, mostrando los poros de la cáscara muy bien. A menudo se encuentran puestas
completas de color amarillento o pardo-amarillento e incluso oliváceas, pero éstas
últimas probablemente cuando ya los huevos tienen más de 10 días de incubación y
comienzan a teñirse con tanta porquería como hay allí dentro. Cien huevos medidos por
Jourdain y Rey dieron un promedio de 25,89 x 17,88 mm. con un máximo de 29,3 x 19,2 mm. y
un mínimo de 23,1 x 17,3 mm. La incubación dura de 17 a 19 días. Durante este período
el macho alimenta a la hembra en el nido continuamente y vigila desde cerca. No solamente
lleva al nido insectos, sino también a veces trozos de materias extrañas, trapos, paja,
excrementos, etc. Al nacer, los pollos están cubiertos de un plumón blanco bastante
largo, pero no denso. El interior de la boca es rosado y no tiene puntos oscuros en la
lengua, pero sí destacan mucho las comisuras muy grandes de color blanco marfil o cera.
El pico es grueso y azulado. En los primeros días se nota una gran diferencia en los tamaños
debido a que desde que nace el primero hasta que lo hace el último puede haber un
intervalo de hasta una semana. Sin embargo, como el macho aporta insectos que entrega a la
hembra para que ésta cebe, sucede que pronto la diferencia de tamaños entre los pollos
se ha atenuado y se nota menos cuando comienzan a estar emplumados y entonces ambos
adultos los ceban directamente. Los excrementos de los pollos no son retirados y como con
frecuencia los lanzan con fuerza hacia la entrada del agujero si se sienten en peligro, el
nido queda pronto convertido en una verdadera cloaca. En el nacimiento de la cola se
desarrolla a los pocos días de nacer una glándula que produce una secreción fétida.
Esta tiene mucha fuerza y olor en las hembras durante la reproducción y al coger estos
pájaros es lo primero que se advierte. A menudo las hembras desalojan parcialmente el
nido de excrementos y basuras, pero no por ello contribuyen a mejorar el olor. Los pollos
crecen rápidamente y se muestran agresivos si se les intenta coger resoplando con fuerza.
En el sur de Iberia permanecen en el nido entre 22 y 24 días y en el Norte algo más,
hasta 28 días y nunca salen antes de los 25. Muchas parejas que crían desde finales de
abril son capaces de iniciar una segunda puesta a primeros de julio o unos días antes.
Pero no se puede tomar como regla general y en los campos leoneses parece lo más común
una solitaria puesta a partir de la segunda decena de mayo. El grupo familiar merodea por
la campiña durante 8-10 días hasta que los jóvenes ya son capaces de comer solos. La Abubilla es
especie migradora que en gran parte marcha a Africa para invernar. Muchas permanecen aquí
y sería interesante determinar en qué proporción se quedan las nativas si es que alguna
lo hace. Bernis (1970) sugiere la posibilidad de que la pequeña población de invernantes
esté formada en parte por abubillas nativas y en otra parte por aves de origen
centroeuropeo. En el Sudoeste Ibérico se ven muchas todo el invierno y lo mismo sucede en
el Sudeste e incluso en las islas Baleares donde es relativamente frecuente en los meses
de diciembre y enero. Incluso en determinados lugares del Levante español parece más
notoria y abundante en el invierno que en primavera. Esto es posiblemente debido a que la
escasez de alimento obliga a la Abubilla a mostrarse más al descubierto y acercarse a las
huertas y chozas, viéndosela también cerca de los arrabales de ciudades y pueblos y en
los basureros. Invernantes en el valle del Ebro son muy raros y faltan casi completamente
en el tercio norte de la Península. Sin embargo, como se trata de un inmigrante precoz, la llegada en febrero y
ocasionalmente antes, puede originar confusión en los observadores. Emigra de noche y
rara vez de día. En marzo se produce
el mayor paso de abubillas por nuestra campiña y se ven entonces por cualquier lado de la
mitad Sur. En el Norte abundan más en abril y se han visto después de la mitad de mayo,
pero esporádicamente en Guipúzcoa donde por otro lado crían regularmente una cantidad
muy moderada de parejas. Irby en 10 años de observaciones consecutivas en Gibraltar
anotó la llegada de la primera Abubilla entre el 16 y el 18 de febrero. El paso otoñal
comienza también pronto, muy a menudo a finales de julio, pero sobre todo durante agosto
y continúa en septiembre y octubre. Aquí también nos tropezamos con la dificultad de
poder separar pájaros que pasan de los que pueden quedar para invernar. No es aventurado
calcular la población invernante en Iberia en varios millares de abubillas con una
especial concentración en el Sudoeste. Presumiblemente esta misma situación debe darse
en el norte de Africa. La dificultad para
determinar el cuartel de invernada de la Abubilla europea es grande desde que en Africa se
reproducen también abubillas pertenecientes a otras razas, pero difíciles de distinguir
en el campo de las nuestras. Parece ahora establecido que aparte de una escasa población
que invernaría en el nordeste del Continente negro, la mayoría de las abubillas
paleárticas llegarían hasta el Africa Tropical Occidental y se confundirían allí con
la raza nativa Upupa epops senegalensis. La Abubilla se
reproduce en la mayor parte de Europa, excepto las Islas Británicas (cría muy
ocasionalmente), Islandia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia. En la
Península Ibérica es pájaro numeroso que se ve por doquier, pero que baja en densidad
al norte de la Cordillera Cantábrica, donde prefiere bosques y parques con muros y
árboles viejos y se ve poco en terreno abierto a no ser durante la migración, en
especial la de primavera, criando muy dispersas las parejas. En Iberia debe estar
la mayor población europea. En las Baleares es también ave común, correspondiendo a la
mayor densidad que alcanza por todo el sur del Continente respecto al Norte y Centro. En
Francia es algo común en la zona mediterránea; en Bélgica es local y escasa y en
Alemania falta en gran parte del país. Sin duda con Iberia está en Rusia la población
más floreciente. Realmente en muchas y extensas zonas ha llegado a ser escasa y en ello
deben influir mucho la creciente tala de especies arbóreas autóctonas y sobre todo el
uso de insecticidas en los campos. Aquélla se palía algo colocando nidos artificiales de
madera que este pájaro acepta bien. Es curioso lo que
relata Bernis (1970) cuando se refiere al hallazgo de abubillas aletargadas en el interior
de huecos de árboles. «Esto podría interpretarse en el sentido de que no es rara en
nuestra latitud la mortalidad por hambre, quizá porque el cuartel de invernada ibérico
no es todavía suficientemente favorable». Bernis añade que en España las abubillas
invernantes buscan sitios abrigados en huecos de árboles y en terrenos orientados al
mediodía y soleados, lo que parece indicar un carácter termófilo en este pájaro.
También acostumbra en invierno a echarse sobre suelos caldeados por el sol. El bosque
mediterráneo adehesado con pastos o matorral cobijan la mayoría de las abubillas
invernantes en España. Se mantienen solitarias o en parejas y también se ven pequeños
grupos. |