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Anser anser
El Ansar Común Anser anser es,
de la especie de ánsares, el más abundante y conocido en los campos de Iberia. También
es el mayor y de plumaje más claro. Sus dimensiones no son lo suficientemente destacadas
como para diferenciarlo en el campo de los demás, sobre todo cuando se le ve a distancia
que es la mayoría de las veces. Pero sí la coloración. Esta es gris o marrón grisácea
en las partes superiores, incluida la cabeza y el cuello. Y esta uniformidad en el color
es la mejor diferenciación que se puede establecer cuando se contemplan los gansos a
prudente distancia, pues las otras especies con las que Anser anser se puede
confundir, tienen la cabeza y el cuello mucho más oscuros, ofreciendo un gran contraste
con el resto del cuerpo. La carencia del anillo blanco alrededor de la base del pico lo
distingue fácilmente de las otras dos especies de gansos, el Ansar Careto y el Ansar
Chico, en los que este color blanco es una nota muy distintiva aun a buena distancia. El
color del pico es también un detalle bueno para la identificación, pero en general más
útil cuando pueden ser observados los ánsares en la mano o a muy corta distancia, pero
no especímenes muertos que pierden pronto el color. Lo mismo sucede con su tamaño y con
el color del extremo de la mandíbula superior o «uña». El pico del Ansar Común es
amarillo anaranjado o simplemente amarillo con la «uña» blanca y los picos del
campestre y del piquicorto tienen la «uña» negra, siendo el del primero amarillo y el
del segundo rosado. Además la cabeza y el pico son proporcionalmente más grandes y
fuertes que en los demás gansos. Cuando abre las alas se aprecia en seguida que su parte
anterior es gris claro. Las plumas del nacimiento de la cola, lo mismo por encima que por
debajo, son blancas y aquella y el obispillo o rabadilla grises con un ribeteado blanco.
Las partes inferiores tienen color gris más claro que en el dorso, siendo algo más
oscuro en los flancos y el vientre es blanco. Sobre las partes inferiores destacan a
menudo plumas que tienen manchas gris oscuro o negras. Estas parecen ser más numerosas en
los machos viejos que en las hembras, pero no deben tomarse como nota distintiva de sexos,
porque los machos jóvenes tienen con frecuencia menos manchas negras que las hembras
viejas. Pueden resumirse en un cuadro, como lo hace Bannerman (1957), las principales
características ya expresadas, y que serán de utilidad para la identificación de los
ánsares que se ven en Iberia en otoño e invierno:
Estas notas distintivas de la
coloración de los ánsares europeos son válidas solamente para los adultos vivos, pero
no para los pájaros inmaduros o muertos en los que existe una considerable variación en
el color, por lo que su identificación resulta a veces muy difícil y se presta a
confusión. Los jóvenes de Ansar Común tienen las patas de color rosa grisáceo y en su
primer invierno de vida carecen de las manchas negras que los adultos tienen en el vientre
y de la estrechísima línea blanca de la base del pico. En general, el plumaje del dorso
es en ellos más marrón, menos gris que en los adultos. Dar otras características no
originaría más que confusión en el observador. En su segundo verano de vida ya son como
los adultos. La raza occidental Anser a. anser
es más oscura en el color del plumaje que la oriental Anser a. rubirostris y ésta
tiene el pico ligeramente rosado. Sin embargo, existe una gran variación individual y
resulta a veces muy difícil, aun en la mano, distinguir estas subespecies sólo por la
diferente tonalidad del plumaje y desde luego su separación en el campo es a veces
imposible. El Ansar Común es el tronco silvestre
del ganso doméstico, pero su aspecto general es mucho más ligero y resulta un pájaro
muy ágil para su tamaño y no es en el suelo tan torpe como pudiera pensarse. A menudo da
la impresión de ave inteligente y avisada que permanece siempre alerta y no permite la
aproximación. Muchas veces se ha podido contemplar en el norte de la península las
evoluciones de las bandadas de gansos que volaban en círculo sobre la campiña en los
primeros días de octubre, cuando abierta la veda de la caza, centenares de escopetas los
esperaban en todas las campas. Su desconfianza era muy grande y parecía que adivinaban la
situación o descubrían a los cazadores en sus bien camuflados escondrijos, porque
después de un vuelo incesante terminaban por alejarse y posarse en el mar, lo que sin
duda los libraba de un exterminio total. Cuando un pequeño grupo come en las riberas de
un río o en un campo, siempre uno de ellos permanecía alerta con el cuello bien estirado
e inmóvil, vigilando atentamente la aproximación de algún intruso. Su vuelo es directo,
con batidos de alas regulares y a veces lento, poniendo buen cuidado cada ganso en
mantenerse a la misma distancia de su vecino y en opinión de Tucker (1940), un ganso
viejo es el que dirige el grupo. Cuando están posados en tierra inician el vuelo más
fácilmente que desde el agua. Si son atacados se elevan verticalmente en un gran alarde
de facultades. Previamente a posarse se mantienen en el aire unos instantes, frenando su
impulso con las alas y permanecen con el cuerpo casi vertical, el cuello doblado hacia
adelante y las alas muy extendidas lo mismo que la cola, batiendo enérgicamente aquéllas
de atrás adelante. Los ánsares comunes son pájaros de
campo abierto que se posan en terrenos llanos y rara vez en irregularidades de los campos
y nunca sobre árboles o arbustos, corriendo ligeramente cuando a causa de la muda son
incapaces de volar. Son muy gregarios y fuera de la época de la cría se ven en pequeños
grupos y juntándose éstos forman a veces copiosos bandos de centenares y aun millares.
Sin embargo, está bien comprobado que grupos familiares permanecen unidos incluso en las
grandes migraciones. Así, Bernis (1961) refiere un curioso e interesante hecho acaecido
en Las Nuevas (Marismas del Guadalquivir) hacia 1931, cuando de un solo disparo fueron
abatidos seis ánsares comunes, cinco de ellos anillados y con la notable particularidad
de que cuatro ostentaban números correlativos en sus correspondientes anillas. En
relación con este dato Bernis comenta: «Esto es una prueba más de la peculiar
sociabilidad de los ánsares. Es sabido que estas aves, macho y hembra tienden a mantener
su emparejamiento durante toda la vida, produciéndose, además, una notable cohesión
familiar, a causa de la cual las familias de gansos perduran incluso durante el transcurso
de las largas migraciones y en el cuartel de invierno, como probablemente fue aquí el
caso, pues antaño todos estos ánsares eran anillados como polladas». Los gansos
portaban anillas de Dinamarca, según datos que el mismo Bernis obtuvo del guarda de las
Marismas. Todas las especies de ánsares se
alimentan de plantas que crecen en la tierra o en lugares con abundante humedad. Pero,
sobre todo, ésta es una característica muy acusada del Ansar Común, que es un ave que
busca para alimentarse las plantas que crecen en marismas y lugares con aguas someras,
como en las praderas palustres de Juncia marina o Castañuela y el Junco de laguna o
Bayunco. En ellas el Ansar Común come los rizomas o tubérculos de estas plantas, pero
también pasta en los prados con hierba corta. Bernis (1963) transcribe datos manuscritos
de Valverde entre los que se destacan detalles del comportamiento de los ánsares comunes
en las Marismas del Guadalquivir. Para él, allí el alimento de estos gansos está en
este orden: Espiguilla Hordeum marinum y Alpiste Phalaris minor a partir de
octubre si ha llovido, o más tarde en caso de sequía; Juncia marina durante toda su
estancia, comiendo los tubérculos de esta planta que arranca en terrenos húmedos; Cotula
o Amagarza Cotula coronopifolia, planta muy deseada que crece todo el año en los
bordes del agua; la Grama dulce Paspalum distichum y la Grama común Cynodon
dactylon son también alimentos buscados, pero la base alimenticia principal allí en
plenas Marismas durante todo el invierno, son los tubérculos del Bayunco. Los ánsares se
mueven bastante y recorren notables distancias para comer, buscando durante el día
lugares favorables. No obstante, y como sucede muy a menudo, los bandos son hostigados por
los cazadores y entonces las aves se ven obligadas a comer en los campos y charcas durante
la noche. La voz del Ansar Común es un graznido
emitido en tono alto y áspero y cuando se trata de un bando que se acerca resulta muy
sonoro y puede escucharse a considerable distancia. Se han realizado estudios exhaustivos
sobre el significado de las diferentes voces de los gansos silvestres y, muchas veces
resulta extraordinariamente subjetivo distinguir variaciones tonales y significados
diferentes en las formas de emisión. Se puede resumir todo lo que se refiere a estas aves
diciendo que no se diferencian sus voces de las que habitualmente se escuchan a los gansos
domésticos con graznidos fuertes y agudos, significando alarma o llamada y una especie de
resoplido de temor o agresión que lanzan con el pico entreabierto. La subespecie anser habita
Islandia, norte de Escocia e Islas Hébridas, regiones costeras de Noruega y Suecia,
también localmente y ocasional en el interior-sur de este último país lo mismo que en
diversas partes de Europa y por el Este hasta el Ural y el bajo Volga. Su límite Sur
está en Dinamarca, norte de Alemania, Polonia, Bulgaria, Rumania, Ukrania y costas del
Mar Caspio en Rusia. Es imposible en opinión de Vaurie (1965) determinar claramente los
límites dentro de los que se reproduce en Europa esta especie. Ahora ha disminuido mucho
en todas partes y los pasos de gansos por las tierras europeas ya no son tan
espectaculares como antaño. La subespecie rubrirostris que cría en Rusia oriental
se sobrepone con anser en el sur de Ukrania y muchos gansos de la raza intermedia
crían tan al Oeste como en Hungría y Austria notándose por su pico rosado. La migración de los ánsares europeos
ha sido estudiada de forma exhaustiva por Bernis (1963) y a él vamos a seguir en parte en
esta corta exposición. En Europa dos poblaciones de ánsares comunes tienen
comportamientos diferentes. Los que habitan Noruega y Suecia junto con los de Escocia son
parcialmente sedentarios y sus movimientos hacia el sur y sudoeste del Continente están
casi siempre condicionados por adversas situaciones meteorológicas. Fríos intensos en
Europa producen irrupciones de estos ánsares en el norte de Francia y costas atlánticas
de este país. Algunos de ellos de forma esporádica alcanzan incluso tierras ibéricas.
Los ánsares comunes del norte de Rusia invernan en Europa Central y los nativos de
Islandia lo hacen en las Islas Británicas, tomando como cuartel de invernada sobre todo
Escocia y el norte de Irlanda. La mayoría de los que invernan en Iberia, concretamente en
las Marismas del Guadalquivir, son de procedencia danesa como se ha podido comprobar por
el anillamiento. Durante su recorrido hacia el Guadalquivir estos ánsares se detienen en
lugares favorables de los Países Bajos, donde el paso es muy notorio, en Francia, en
especial en las zonas costeras del Atlántico y ya en territorio peninsular por muchos de
los biotopos húmedos distribuidos por nuestra geografía. La migración posnupcial que en
Francia es tan manifiesta, alcanza el País Vasco y Navarra, sobrevolando estas tierras
sin detenerse si el tiempo es favorable y alcanzando la cuenca del Duero en una primera
etapa en Iberia. Los últimos días de septiembre y todo el mes de octubre son las fechas
en que la mayor parte de los gansos que invernan en la Península atraviesan la zona más
oriental del Cantábrico. Bernis estima, de acuerdo con observaciones de Lack y Noval, que
los ánsares que sobrevuelan el País Vasco pueden haber cruzado antes un pequeño trecho
del Golfo de Vizcaya. Algunos efectivamente parecen proceder del mar, pero la mayoría
llegan costeando o sobrevolando el interior de la tierra a corta distancia de la costa. Si
la niebla es intensa o hay una proliferación de cazadores, siguen la línea costera hacia
el Oeste y probablemente muchos de ellos alcanzan Santander y Asturias. En estas
provincias no son raros todos los otoños pequeños grupos de ánsares e incluso y mucho
más a menudo, individuos solitarios que permanecen en las rías de Treto (Santoña), San
Vicente de la Barquera y Tina Menor (Santander), Tina Mayor, Villaviciosa y Eo (Asturias)
durante varios días. Incluso algunos invernan en ellas, aunque se sospecha que se trata
en gran parte de pájaros enfermos o disminuidos en sus facultades físicas. Para Bernis
la entrada de gansos por Asturias sólo puede explicarse por efecto de accidental y fuerte
deriva migratoria. Se ha comprobado que en pleno Golfo de Vizcaya no se ven ánsares en
migración en el mes de octubre, pero sí a 20-25 millas de la costa cantábrica oriental.
El paso de gansos por las provincias de Navarra, Alava, Burgos, y La Rioja es un hecho
sobradamente conocido, aunque va siendo más raro cada día. Probablemente los que ahora
llegan a la Península Ibérica se dirigen directamente hacia el Sudoeste. La laguna de La
Nava en Palencia era una etapa obligada para millares de gansos. Su desecación ha sido
una verdadera catástrofe ornitológica. Sin embargo, es curioso que estos pájaros
continúan llegando a la zona donde antes estaba la laguna, pero su permanencia en
aquellos campos es ahora mucho más breve y la mayoría de los ánsares continúan hacia
el Sudoeste, buscando las Marismas del Guadalquivir y los campos andaluces próximos. Pero
una parte no despreciable alcanza las lagunas saladas situadas al Oeste de Villalpando en
la provincia de Zamora, zona también incomparable donde no menos de 1500 a 2000 ánsares
pueden ser observados todos los años en el mes de octubre. En Benavente, cerca ya de
estas lagunas, se nota mucho la llegada de los gansos todos los otoños. En Palencia el
Ansar Común lleva el nombre curioso de «ganso nevado» que se refiere al tono muy blanco
que el pájaro muestra al desplegar las alas para volar. En Benavente y Villalpando esta
especie es conocida con el nombre de «Pata real» y pueden verse abundantes en la zona
por lo menos hasta ya bien entrado noviembre. En los meses invernales los ánsares son
escasos, pero en ocasiones forman aún grupos numerosos y con tiempos extremadamente
fríos se ven por los campos muy abundantes. En las Marismas del Guadalquivir los
primeros ánsares llegan poco después del 15 de septiembre, pero el mayor contingente no
lo hace hasta pasado el 12 de octubre y muchos años en que el tiempo es notablemente seco
en el Norte, continúa la entrada de ánsares hasta los últimos días de noviembre.
Bernis menciona como zonas de querencia en aquellas marismas unos pocos lucios, ante todo
los de Las Nuevas. Más tarde, cuando toma agua Hinojos, las mejores querencias se
desplazan a esa parte marismeña. El número de ánsares comunes que normalmente invernan
allí es muy elevado, pero con notables variaciones de un año a otro. Bernis estimaba en
5000-10.000 aves las que en los últimos años pasaban el invierno en la Marisma Bética.
No obstante, estas cifras están sujetas a oscilaciones dependientes de la situación
meteorológica otoñal y sobre todo del resultado de la reproducción en Dinamarca, Suecia
y norte de Alemania, países que son los que dan el mayor contingente de invernantes en
Iberia. Sin embargo, sorprende mucho la cifra de ánsares comunes presentes en enero de
1972 en las Marismas. El censo realizado desde una avioneta arrojó un número de 22.000
ánsares comunes, aunque bien es verdad que se producen duplicaciones al efectuar estos
recuentos, pero aun con todo la cifra es muy elevada para las calculadas antes, aunque ya
en diciembre de 1967 se habían contado allí de forma incompleta cerca de 10.000 ánsares
comunes. Fuera de la región andaluza el Ansar
Común aparece en invierno, formando pequeños grupos o cuando menos solitario o en
parejas por numerosas zonas húmedas de ambas Castillas, León, Galicia, Cataluña,
Baleares, Delta del Ebro y La Mancha. La migración primaveral, no tan
espectacular ni notoria como la posnupcial se observa desplazada ligeramente más hacia el
Este de la Península. Parece como si la gran masa de ánsares invernantes en Andalucía
tuviera prisa por llegar a sus lugares de reproducción. Parten después del 15 de febrero
y hasta los últimos días de marzo son vistos sobrevolando Guipúzcoa y Navarra. También
en la primavera se ven algunos individuos aislados por las rías norteñas e incluso en
Galicia. En las Marismas del Guadalquivir la mayoría han marchado ya para la primera
semana de marzo. Muchas recuperaciones se han producido
en Iberia de ánsares anillados. Las cacerías celebradas en las Marismas del Guadalquivir
proporcionaron abundante material sobre el que se ha basado mucho de lo expuesto. Una
inmensa mayoría de los anillados procedían de Dinamarca, anillados en parte como
mancones o en muda y como pollos. También los ánsares suecos dan buena cifra de
recuperaciones. Los procedentes de otros países de más al Sur, casi siempre son
anillados al paso. Dos procedentes de Checoslovaquia lo habían sido allí como pollos. |