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Buteo buteo El Busardo Ratonero Buteo buteo
es un pájaro cuyo plumaje resulta notablemente oscuro en su conjunto, aunque también
existen variaciones individuales de tonalidades más claras. Los adultos tienen la espalda
y el dorso de las alas de color marrón con ligeros matices rojizos en algunos pájaros,
que solamente se pueden apreciar cuando se le ve muy cerca. Generalmente los ratoneros
viejos tienen el color mucho más oscuro. Las partes inferiores son más claras, casi
blancas, con profusión de rayas marrones y marrón rojizas, éstas en el vientre. El tipo
medio más común en la Península Ibérica tiene el pecho marrón oscuro con punteado
blanco en proporción muy variable de unos individuos a otros. Las alas por debajo son
blancuzcas rayadas, destacando mucho, cuando vuela, las muñecas oscuras (borde flexor del
ala), coloración que se prolonga por los hombros algo más atenuada hasta el cuerpo. Las
plumas primarias son muy oscuras, casi negras, y la cola corta y ancha marrón grisáceo
en general, lleva una ancha banda terminal muy oscura y doce más estrechas. Los inmaduros son muy parecidos a los
adultos en la coloración, pero tienen la cabeza rayada de blanco o amarillento y muchas
de las plumas de las alas y de la espalda ostentan bordes rojizos muy conspicuos. Por
debajo son más pálidos y rayados o punteados irregularmente de marrón o pardo oscuro.
Los «pantalones» también son muy pálidos, casi blancos. La cola carece casi siempre de
la ancha banda subterminal. Los ojos son grises, pero pronto pasan a marrón amarillento
como los de los adultos; la cera y las patas amarillas y el pico negruzco. A partir de los
nueve meses de vida comienzan a adquirir el plumaje de adultos que logran completamente a
los dieciséis. El Busardo Ratonero es un pájaro
robusto de aspecto muy compacto, con las alas y la cola anchas y redondeadas, definiendo
bien al género Buteo. Es el ave de presa más parecida a un águila y en realidad se le
da este nombre frecuentemente, pero aunque carece de la potencia en el pico de las grandes
águilas, posee su misma capacidad para aprovechar las corrientes de aire y remontarse a
gran altura en un vuelo en espiral, realizado con impresionante calma y maestría.
Bannerman se refiere de pasada a las personas que tienen la suerte de vivir en un paisaje
donde el Busardo Ratonero es habitual. Todas las aves de presa poseen un vuelo
majestuoso y extraordinariamente hábil en sus planeos, quiebros y picados, pero pocas
veces un atento observador de la naturaleza puede deleitarse como al contemplar las
evoluciones del ratonero. Contrariamente a la mayor parte de las aves de presa que son muy
pasivas en su vida diaria, mostrándose poco ante los seres humanos, esta especie
permanece grandes periodos del día en vuelo, planeando incesantemente con una
extraordinaria suavidad, sin mover más que ocasionalmente las alas y llevándolas
dobladas hacia arriba y un poco adelante en los extremos, con las plumas primarias
abiertas como grandes dedos y la corta cola ampliamente desplegada. La silueta de un
ratonero es, pues, inconfundible y contemplar sus evoluciones en el cielo produce una gran
sensación. Se conoce bien su conducta y la
biología de su reproducción, por lo que puede hacerse aquí un estudio resumido del
ciclo diario de esta tan popular ave de presa. Ya se ha descrito su silueta de vuelo,
pero es necesario añadir que otra característica inconfundible la constituye la corta
cabeza, más ancha que, por ejemplo, la del Abejero Europeo Pernis apivorus, con el
que de lejos puede ser confundido, pero su cola es mucho más corta y las alas más
anchas. Cuando vuela no bate las alas tan profundamente como Pernis. En el norte de
Iberia se cierne con mucha frecuencia, especialmente con vientos del Oeste y Noroeste,
sobre la cima de colinas o montañas de no mucha altura, haciéndolo a veces con las patas
colgando, actitud que recuerda mucho a la similar de la Culebrera Europea Circaetus
gallicus. Los ratoneros viejos muy oscuros pueden
ser confundidos con la fase oscura del Aguililla Calzada Hieraaetus pennatus, pero no
tienen nunca como ésta tan marcada la combinación del plumaje blanco y oscuro en las
partes inferiores de las alas. El Busardo Ratonero es pájaro ligado
al bosque, pero no totalmente como puede ser el Azor Común. Vive en bosques de todas
clases situados en plena campiña o en la montaña, pero siempre ocupando una zona
próxima a terreno abierto. También habita lugares con pocos y diseminados árboles,
grandes extensiones de cultivos y roquedos de montaña. Se trata de un ave de presa que produce
la impresión engañosa de ser un pájaro extraordinariamente indolente y perezoso. Aunque
es muy activo volando al descubierto con frecuencia y planeando sobre los campos y
bosques, también permanece largos intervalos posado en un árbol o en el tope de un poste
del tendido eléctrico o de una cerca. Cuando inicia el vuelo, éste es bastante lento y
trabajoso, como si le resultara difícil separarse de los árboles que rodean su posadero,
pero una vez a cierta altura planea lenta y muy hábilmente elevándose en espiral como si
no tuviera prisa alguna por alejarse del lugar. Al llegar a un nivel determinado bate
las alas y se aleja en vuelo directo hacia el bosque o continúa planeando, ahora a gran
altura. Si lo hace sobre la cumbre de una colina o montaña, pico al viento, permanece
inmóvil de forma que recuerda a un cernícalo cuando se cierne para cazar. Parece dar la
impresión de que las corrientes de aire son su elemento. Si éstas son muy fuertes, dobla
las alas de forma que más parece un Milano y se lanza a gran velocidad ladera abajo del
monte, con alas casi plegadas y cola cerrada, hasta un posadero. La voz del Busardo Ratonero es un
maullido emitido en tono alto: «¡¡uuíuuu!!», repetido varias veces cuando está
posado, y sobre todo al volar, escuchándose desde larga distancia y descubriendo
inmediatamente su presencia. En época de celo este grito es contestado por la hembra
efectuando ambos adultos un insistente dueto. En los primeros días otoñales los grupos
de ratoneros, presumiblemente constituyendo una familia, vuelan planeando muy altos y
lanzando todos este grito como si los padres quisieran enseñar a sus hijos. En el nido se
le oyen varios sonidos más roncos y cloqueantes. En general se alimenta de pequeños
mamíferos, roedores sobre todo, que caza en el suelo. Pero también captura pequeños y
medianos pájaros, numerosos reptiles y batracios y gran cantidad de insectos. Se trata de
una especie que explota una gran variedad de fuentes de alimentación, desde lombrices de
tierra hasta gazapos de conejo. Y es muy probable que la especie deba sus altas cotas de
reproducción y densidad precisamente a su adaptabilidad y falta de especialización para
escoger la comida. Se ha dicho siempre y puede afirmarse aquí de nuevo rotundamente, que
el ratonero es un gran cazador y devorador de ratones. En esta faceta entra en competencia
con otras especies de animales como el Zorro Vulpes vulpes y la Comadreja Mustela
nivalis, que ocupan su mismo nicho ecológico. Pero, ¿hasta dónde puede llegar esta
competencia interespecífica? De acuerdo con Gause (1934) los nichos de alimentación de
los diferentes depredadores no son nunca precisamente idénticos, aunque muchas veces se
sobrepongan. Además sucede que, de estas especies, varias son altamente especializadas en
determinadas capturas, pero sólo en algunos lugares a los que unos y otros no tienen el
mismo acceso. En la realidad, la sobreposición de nichos para varias especies de
depredadores a menudo es más pequeña de lo que a primera vista parece, puesto que los
lugares de caza asequibles a los métodos de una Comadreja no son los mismos que los de un
Busardo Ratonero. Es decir, las especies cazan en diferentes hábitats o a distintas horas
del día. Resumiendo y como regla general, la competencia entre ratoneros y otras aves de
presa e incluso mamíferos depredadores, coincidiendo en los mismos nichos de
alimentación son probablemente más intraespecíficas que interespecíficas a causa de
que estos lugares de caza son diferentes. La dieta del Busardo Ratonero ha sido
ampliamente estudiada por los ornitólogos a través de todas las estaciones del año. Ya
se ha indicado al principio con un resumen de presas comunes, pero es necesario citar
aquí datos más concretos que aclaren el valor que estas aves tienen para el equilibrio
biológico de la campiña y los bosques. Entre los muchos estudios realizados sobre la
alimentación del ratonero se estima que los micromamíferos, especialmente el Ratón de
Campo Apodemus sylvaticus es su principal víctima, constituyendo aproximadamente
el 50 por 100 de la dieta en época de cría. En el nordeste de Francia, J. M. Thiollay
(1967) encontró que los pequeños mamíferos principalmente el citado Ratón de Campo, la
Ratilla Campesina Microtus arvalis y el Topillo Rojo Clethrionomys glareolus,
formaron el 40 por 100 de las presas de vertebrados identificadas en verano e invierno. De
4.042 pequeños vertebrados identificados, 3.940 fueron micromamíferos, 833 topos, 44
medianos mamíferos (menos de una docena, conejos), 814 eran pájaros de mediano tamaño y
paseriformes pequeños, 46 peces y 198 anfibios y reptiles. También se descubrieron
invertebrados, en especial escarabajos y larvas, y Thiollay consideró que, en
determinadas condiciones, los ratoneros dependen en gran medida de este tipo de
alimentación. En cuanto a su afición a la captura de topos ya se mencionaba hace muchos
años la especial destreza de este pájaro, vigilando las toperas, y en el momento en que
la tierra se movía saltaba del posadero y atrapaba sin remisión al descuidado animal. En Iberia, que es donde realmente nos
interesa conocer la alimentación del Busardo Ratonero, varios ornitólogos la han
resumido en observaciones y estudios algunos de los cuales se condensarán aquí. Bernis
(1973) da para un nido situado en un alcornoque, en la provincia de Toledo, presas de
Lirón Careto (3-4), Lagarto Ocelado (4) y Conejo (15). Gómez Ruiz (1971), en tres nidos
bien estudiados, dos de ellos en una dehesa de encinas y otro en un pinar en la provincia
de Huelva, señala presas de Lagarto Ocelado (5), Culebras (5), Geckónidos (2), Perdiz
Roja (2), Rabilargo (1), Conejo (5) y Rata Común (1). Valverde (1967) para nidos
estudiados por él en Valladolid encuentra abundancia de Grillo Cebollero, grillos y
locústidos, micromamíferos (13), Corneja (10), reptiles, aves, etc. J. Elósegui (1973)
describe una observación propia de un Ratonero recogiendo un Sapo Común aplastado en la
carretera y en egagrópilas u ovillos recogidos al pie del nido en Navarra determina: Rata
de Agua, Ratón de Campo (5), y ratillas. J. Araujo (1973) en el Guadarrama estudió
varios nidos en un nicho ecológico donde competían Azor Común y Busardo Ratonero. Para
éste y bajo sus nidos halló restos de Lagarto Ocelado (13), Grajilla (2), rodentia (2),
ophidia (1) y Lagarto de Schreiberi (1). Garzón (1973), en el centro-oeste peninsular,
principalmente en las Sierras de Gredos y Gata, señala para varios nidos presas de Rana
Verde (1), Sapo Común (2), Lagarto Ocelado (6), pollos de Perdiz Roja (3), Corneja (1),
Mirlo Común (1), gazapos (4), Rata (1) y Topillo (1). En 74 estómagos analizados
multitud de insectos y arácnidos. De aquellos destacan Grillo Cebollero (292) y grillos
(139), pero también identificó Rana Verde (2) Sapo de Espuela (2), Sapo Corredor (1),
Lagarto Ocelado (1), Culebra Ciega (1), Culebra Rayada (4), Topillo (10), Apodemus (2),
gazapo (6), lebratos (2), Musaraña (4) y
Topo (2). Garzón señala en su estudio la gran cantidad de insectos determinados en la
dieta del Ratonero, sobre todo ortópteros. Pérez-Chiscano (1973), en Badajoz, en un nido
sobre alcornoque halló un pollo de Perdiz roja, dos o tres gazapos, Lagarto Ocelado y
plumas de aves no identificadas. Otra observación se refiere a Culebra Rayada. En el norte de la Península Ibérica
también se han determinado bien las presas del Ratonero. En los innumerables nidos
estudiados y sus alrededores se recogieron presas enteras y restos fundamentalmente de
Ratón de Campo, musarañas, Topo Ciego, Rata Común, Ratón Casero, Lirón Común o
Careto, Erizo, Comadreja, etc. Entre los reptiles, extraordinarias cantidades de luciones,
pocos lagartos verdes, muchas ranas de los prados Rana Temporaria, también abundantes
culebras lisas, lo mismo que Culebras de Collar. Menos importancia tenían el Mirlo
Común, Bisbita Arbóreo y Corneja. Desde hace relativamente pocos años la siega de la
hierba se ha adelantado en todo el norte de Iberia, donde el Ratonero es, sin duda, el ave
de presa más común. Esto determina que esta pájaro cace en los meses primaverales,
especialmente en junio y julio en los prados recién segados. De esta forma en su dieta
constituye ahora una parte muy importante el Lución entre los reptiles, la Rana de los
Prados entre los batracios y los topos y las musarañas entre los mamíferos. Todas estas
especies quedan expuestas, cuando los campos se siegan, a la aguda vista del Ratonero. Al examinar las dietas correspondientes
a diferentes nichos ecológicos se observa una gran dependencia de este pájaro de
pequeños mamíferos en la zona norte de la Península Ibérica. Del mismo modo que la
abundancia de presas de insectos en la Meseta Castellana, muchos de ellos grillos de
fácil captura y que se reflejan bien en los datos aportados por Garzón. Salvo en el
Norte, donde son muy escasos y están ahora limitados a determinadas zonas de la
Cordillera Cantábrica, el Lagarto Ocelado y el Conejo son presas siempre presentes en
buena cantidad en el cuadrante sudoccidental de Iberia. En lo que se refiere al Conejo la
situación provocada por la mixomatosis ha tenido, sin duda, influencia en una nueva
orientación de la dieta, que pudiera verse reflejada en la abundancia de lagartos y de
insectos como presas comunes en primavera y verano. Una situación parecida se produjo en
las Islas Británicas, donde el Ratonero que depredaba fundamentalmente sobre el Conejo
orientó su alimentación hacia pequeños pájaros y micromamíferos al disminuir
drásticamente aquél. Los pequeños roedores son las principales presas en casi toda la
Europa continental, situación similar a la producida en la región cantábrica y Galicia,
tal como se ha señalado. La mayor parte de las presas son
capturadas después de ser localizadas por la vista cuando vuela en círculos a baja
altura a veces, pero también a menudo desde cien metros. Se considera que la vista del
Busardo Ratonero es la más aguda de todas las aves de presa. Estudios de alto valor
científico han descubierto que en la llamada fovea, mácula glútea o mancha amarilla de
la retina, del Ratonero, existen un millón de conos por milímetro cuadrado, por lo que
la sensibilidad retiniana es máxima. Pero no sólo la vista es usada para la caza, sino
también el oído. Con frecuencia un Ratonero posado en un poste examina el suelo bajo él
y percibe por el oído cualquier pequeño rumor que un ratón o un topo produzcan entre la
hierba. Una vez que ha localizado exactamente la presa, deja su posadero y desciende en
suave y lento planeo al suelo, donde es sorprendentemente ágil. Corre muy rápidamente y
captura topos, como ya se dijo, con gran habilidad. C. R. Tubbs atestigua un
comportamiento similar al de un Zorzal a la captura de insectos y lombrices de tierra: una
corta y rápida carrera, una pausa y un repentino picotazo en un gusano o un escarabajo. El Busardo Ratonero es una buena
especie para el estudio de la conducta territorial de las aves de presa, porque sus
territorios son comparativamente pequeños y pueden ser contemplados desde un punto
estratégico, ya que las costumbres notorias y aéreas de la especie facilitan la
observación. El ratonero es sedentario y muy territorial. Una pareja establecida en un
lugar, permanece en una zona pequeña durante toda su vida. Los jóvenes criados por la
pareja se dispersan a lugares próximos donde ocupan plazas vacantes por muerte de
adultos. El sentido territorial es más intenso en los meses primaverales, pero para esta
ave de presa empieza con el celo probablemente desde la mitad de enero, en que ya se
pueden contemplar evoluciones y ataques ocasionales a otros ratoneros que invaden su
territorio. En éste dispone de varios posaderos habitualmente usados y que con frecuencia
son el tope o las ramas altas de un árbol seco, una repisa rocosa, o un poste aislado. El
territorio es muy variable en extensión, y a veces puede quedar reducido a solamente un
kilómetro cuadrado, zona pequeña, pero que, no obstante, comprende un bosque o
sotobosque y gran extensión de campo abierto, terrenos de cultivo y praderas.
Generalmente está condicionada la superficie del territorio a la abundancia de presas o
por la densidad de ratoneros en la zona. En el mes de febrero comienzan con
intensidad los vuelos de manifestación del celo que se intensifican en marzo sobre todo
en los valles y campiñas del norte de Iberia. Los dos adultos construyen el nido en un
árbol, preferiblemente una especie caducifolia, pero también en coníferas, a alturas
que oscilan entre seis y treinta metros. El nido puede estar situado en el entrante de un
roquedo y no parece ser infrecuente esta situación en zonas montañosas. Suele tener un diámetro entre 60 y 90
centímetros y un espesor de 30 a 50 centímetros y está formado por material consistente
siempre en palos secos, raíces y ramas cortas. El interior está al principio recubierto
con hojas verdes de árboles próximos. Casi siempre la estructura es abultada y muy
notoria, sobre todo cuando se construye en un árbol caducifolio que en el mes de marzo
aún carece de hoja. No parece existir constancia en el uso año tras año del mismo nido,
pues en la zona o territorio y con frecuencia muy próximos unos a otros, existen varios
nidos viejos usados en años anteriores. La puesta es variable entre dos y seis
huevos. En la Península Ibérica la mayoría de las puestas son de tres y cuatro huevos y
comienzan a dejarlos en fechas variables según la región, pero generalmente muy temprano
en las sierras españolas del centro y Sur y algo más tarde en el Cantábrico y Galicia.
En la primera semana de marzo, en un nido estudiado por Araujo (1973) y en la última
semana de abril en Asturias (Noval 1971). Estos huevos tienen el fondo de color blanco
azulado o gris muy mate con pecas y manchas marrones distribuidos por toda la superficie,
pero con más intensa concentración en el extremo ancho. Son de forma bastante esférica
y los depositan a intervalos de dos a tres días, comenzando la hembra aparentemente la
incubación con el primer o segundo huevo. El promedio de medidas obtenidas para diez
huevos en el Norte da 52 x 41,5 mm. El macho sustituye a la hembra en el nido si ésta
sale a comer, lo que realiza pocas veces, pues aquél trae presas y la ceba mientras dura
la incubación. Aunque en la mayoría de las aves de
presa el macho permanece próximo al nido, durante la incubación los machos de Busardo
Ratonero vuelan sobre la zona continuamente, patrullando y buscando presas, que en los
primeros días de la incubación casi siempre son micromamíferos y ranas en el Norte de
la Península Ibérica. El nacimiento del último pollo sucede
después de treinta y cinco días de incubación, aunque varios días antes nace el del
primer huevo, pero la hembra no se mueve del nido y se levanta difícilmente aun
acercándose un observador al árbol. Al nacer, los pollos están cubiertos con un plumón
marrón grisáceo por encima con una mancha oscura alrededor de los ojos a modo de antifaz
y las partes inferiores blancas. A los doce días de edad ya les salen algunas plumas. Al
principio existe gran diferencia entre ellos, pero las presas aportadas por los padres son
tan abundantes que pronto se igualan en tamaño. Sin embargo, es curioso que en casi todos
los nidos hay un pequeñísimo Ratonero que muchas veces muere aplastado por sus hermanos.
A los ocho días del nacimiento la hembra acompaña al macho en la caza de presas, volando
juntos con frecuencia sobre el bosque con actitudes que recuerdan el cortejo de los días
del comienzo de la nidificación. Al cumplir un mes de edad los pollos son capaces de
rasgar y comer las presas que los padres les traen al nido. Los ratoneros jóvenes al
abandonar el nido y dispersarse por sus proximidades no son tan mansos como los de Halcón
Abejero. Son muy desconfiados y procuran no apartarse mucho de los adultos con los que
planean y vuelan en campo abierto dentro del mismo territorio o zona donde está el nido.
La dispersión posgenerativa no comienza en general hasta pasado el verano y parece ser
que afecta poco a los ratoneros ibéricos que muestran un extraordinario apego a su lugar
de nacimiento. En Europa, donde la especie es muy
abundante, se han realizado muy completos estudios sobre la expectativa de vida y
longevidad de un ratonero. Las recuperaciones de anillados sugieren que pocos jóvenes
sobreviven al primer invierno. Hasta hace pocos años la mayoría eran muertos por los
cazadores o guardas de caza. Ahora que en Iberia es especie protegida, debe esperarse de
su vitalidad y versatilidad para alimentarse un gran aumento en su densidad. Existe alguna
duda sobre si esta especie es sexualmente madura en el segundo año de vida, pero si las
recuperaciones son un reflejo de la mortalidad de toda la población, entonces por lo
menos el 77 por 100 no alcanza la edad de reproducirse. Si, como es más probable, no
crían hasta su segundo año de vida entonces el 90 por 100 puede morir antes de la
madurez. Estos datos se refieren a las poblaciones británicas y parecen excesivamente
pesimistas. Pero hay que añadir a ellos que las Islas Británicas son un país donde los
insecticidas y otros productos venenosos se usan en todos los campos y esto debe ser causa
de la falta de vitalidad en muchas especies de aves, condicionamiento que por el momento
no se da en la Península Ibérica. Una vez que alcanza la madurez el ratonero, puede
calcularse que su expectativa de vida aumenta considerablemente. Viking Olson calculó
ésta en cinco años para la población sueca de ratoneros que fueran capaces de superar
el primer año. Estos estudios no se han realizado aún en Iberia, pero una expectativa de
vida de seis a ocho años puede esperarse para nuestros ratoneros. Casos excepcionales de
longevidad existen en Europa. Así el citado Olson refiere dos en que alcanzaron más de
diecisiete años cada uno de vida. También se cita uno que fue anillado como pollo en el
nido en Heligoland (Alemania) en 1927 y recuperado en Mecklenburg en 1951 cuando ya se
acercaba a cumplir los veinticuatro años. ¡Una notable edad para un pájaro! El Busardo Ratonero Buteo buteo
se reproduce en toda Europa excepto en el extremo norte de Escandinavia, Islandia y parte
de Irlanda. En Europa oriental se sobrepone en una regular extensión con la subespecie Buteo
b.
vulpinus que sustituye
a la anterior por Rusia y el interior de Siberia hasta el río Yenisei. El plumaje de esta
subespecie vulpinus es muy diferente del de nuestros ratoneros, siendo el marrón
de las partes superiores muy rojizo. También es más rojizo el rayado de las partes
inferiores y la cola a menudo carece de bandas o rayas oscuras. Cuando vuela y se le puede
observar desde abajo tiene la misma silueta, pero el patrón del plumaje es bastante
diferente. Las alas son muy oscuras en el vértice flexor y en los hombros, destacando
sobre el fondo blanco del resto, y sobre todo se nota mucho el vientre muy oscuro casi
negro y la cola blanca o blancuzca, excepto los inmaduros que la tienen rayada en el
extremo. La presencia de Buteo vulpinus
es escasa en Iberia y solamente durante el paso otoñal se le puede ver más a menudo por
el Nordeste. El Busardo Ratonero es migrador en las
altas latitudes europeas. Los individuos procedentes de Escandinavia y Alemania invernan
en notable cantidad en Francia, país que concentra un buen número de estas aves y en el
que se han obtenido casi masivas recuperaciones de anillados. Otros, especialmente en
inviernos duros, alcanzan los campos ibéricos, donde se mezclan con la población nativa.
Pero una no pequeña cantidad atraviesa el Estrecho de Gibraltar para invernar en Africa.
Probablemente entre ellos apenas habrá algún nativo de Iberia cuya población parece ser
eminentemente sedentaria como ya se dijo. Durante el recuento de migrantes en el
verano-otoño de 1972 pasaron por el Estrecho solamente hasta el 14 de octubre (el flujo
principal de esta especie había empezado al final de septiembre) 2.670 ratoneros, cifra
que Bernis estima como mínima y totalmente atribuible a población transpirenaica,
probablemente de procedencia escandinava y de Europa Central. Un ratonero noruego anillado
fue capturado en Marruecos. Entre éstos se distinguió alguno de la subespecie vulpinus.
Aunque ésta emigra en el otoño hacia el Sur y Sudeste de su área de cría, son muchas
las observaciones y capturas en Europa occidental y algunas en España citadas por Bernis,
pero la mayoría muy antiguas y poco fidedignas en cuanto a su lugar de captura. Esto no
puede hacernos desconocer que su presencia en la Península Ibérica es evidente, pero en
pequeño número en el otoño y probablemente la mayoría pertenecen a la población más
occidental de su área de reproducción, donde Buteo buteo y Buteo vulpinus
se sobreponen y crían entre sí. En el sudoeste de Francia se han capturado ya algunos
ejemplares, uno de ellos muy cerca del límite con Navarra. En la Colección Larrinua del
Museo de San Telmo de San Sebastián se conservan dos pieles bien identificadas (Noval
1967). Bernis cita otro ejemplar como etiquetado un doce de junio en Albacete y que se
conserva en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. También se señalan tres capturas
en Portugal, una de ellas en Queluz. El Busardo Ratonero anida en toda la
Península Ibérica, faltando en las Islas Baleares, donde únicamente se observa como
migrador en los pasos de otoño y primavera y es además escaso invernante. La densidad de
la población en las diferentes zonas de Iberia es muy variable. Las provincias
cantábricas y Galicia tienen una alta población sedentaria de ratoneros y allí es ave
común en todas las estaciones del año, probablemente el ave de presa más abundante. Tan
alta es su densidad que en muchas zonas de la campiña cantábrica y en valles apropiados
donde alternan pequeños bosques, sotos fluviales y tierras de labor con laderas y monte
bajo, una pareja de estas aves puede ocupar un territorio no más extenso de un kilómetro
cuadrado, entrando en competencia con parejas próximas. |