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Cuculus canorus
Pocos pájaros de la campiña ibérica
han suscitado el interés de las gentes como el Cuco Común Cuculus canorus. Más oído
que visto, su llegada al comienzo de la primavera y su inesperada mudez en los primeros
días de julio contribuyen a tejer alrededor de su vida y costumbres una serie de leyendas
y de dichos populares realmente infundados, pero curiosos. La piratería de los nidos
ajenos utilizándolos para poner allí sus propios huevos, ha sido siempre un
tema apasionante para los ornitólogos y son muchas las horas que se han pasado observando
las acciones de este pájaro desde que llega en marzo a nuestros campos, hasta que el
último joven Cuco marcha en septiembre hacia Africa. El color general del
plumaje de las partes superiores es gris uniforme quizá con un tinte azulado o mejor gris
plomizo; las alas y plumas escapulares son del mismo color, pero las primarias y
secundarias son pardas, aquellas densamente moteadas de blanco. La cola es negra o gris
pizarra oscuro, pero cada pluma tiene cuatro o más manchas en forma de diamante de color
blanco y las puntas una estrecha banda blanca también. Está graduada y es muy larga,
ocupando la mitad de la total longitud del pájaro. Los carrillos, cuello y parte superior
del pecho es gris ceniciento; el resto de las partes inferiores blanco, densamente ondeado
con rayas finas negruzcas. Los ojos son amarillos, lo mismo que el anillo orbital y las
patas y pies también amarillos en tono muy vivo. El pico es negruzco y algo verdoso en la
base. A no ser vistas de
cerca o en la mano, de lejos el plumaje de las hembras es similar al de los machos. Sin
embargo, por encima el color gris está ligeramente teñido de pardo y lo mismo sucede en
la garganta. El pecho posee una mal definida banda ancha de color pardo rayado, siendo el
resto de las partes inferiores como en los machos. Existe exclusivamente entre las hembras
un plumaje de color rojizo que ha dado lugar a esta curiosa variedad que se denomina
«hepática» o simplemente «roja». En ellas las partes superiores son castaño rojizas
franjeadas de negro, mientras el gris de la garganta y el pecho está teñido de rojizo y
rayado transversalmente de negro. La cola tiene bandas castaño rojizo y negro. Este
plumaje lo mantienen durante toda la vida como se ha podido comprobar con el anillamiento.
En la campiña norteña hay una proporción muy alta de hembras de la variedad roja. En
determinadas zonas una de cada tres hembras pertenece a la variedad hepática y
normalmente siempre en una zona o territorio hay una hembra al menos de este color que si
perece es sustituida al siguiente año por otra. Sin embargo, esta densidad de hembras
hepáticas no es corriente y una proporción de una o cinco es más normal. Alberdi entre
10 cucos estacionados en migración primaveral cerca de Zumaya (Guipúzcoa) observó la
presencia de dos hembras de la variedad roja. Los jóvenes cucos
pueden ser reconocidos por una mancha blanca que tienen en la nuca. Entre ellos se dan dos
tipos de plumaje. Unos tienen las partes superiores de color gris pizarra o pardo
grisáceo con las plumas estrechamente bordeadas de blancuzco y las de la espalda,
obispillo y cobertoras superiores de la cola con puntas blancas. Otros tienen casi todo el
plumaje de color pardo rojizo muy similar al castaño rojizo de las hembras
«hepáticas», apreciándoseles una ligera franja blancuzca en las alas y por supuesto
también tienen la mancha blanca de la nuca. El Cuco
tiene un
vuelo rápido y directo, mostrando bien sus alas puntiagudas y su larga cola. Realmente se
asemeja en su acción a un macho de Gavilán Común Accipiter nisus, pero no en su
silueta, puesto que éste tiene las alas redondeadas y me parece que el vuelo es más
lento. Quizá en los primeros días de mayo cuando el Cuco macho demuestra su celo,
efectuando un curioso vuelo lento planeando, pueda recordar a un ave de presa. Algunos
ornitólogos han calificado esta conducta como «vuelo de raptor». En el suelo camina con
soltura dando pequeños saltos. Prefiere, sin embargo, posarse en árboles, muy a menudo
en ramas a media o baja altura y sobre todo en postes de cercas, muros de piedra y
arbustos y rocas. Los postes le atraen especialmente y sobre ellos pasa mucho tiempo, bien
cuando está en migración durante el día o en época de cría mientras observa a sus
posibles huéspedes. Su postura en ellos es característica e inconfundible. Mantiene las
alas entreabiertas y caídas y la cola desplegada en abanico. A menudo permanece inmóvil,
pero también mueve la cola arriba y abajo. Aunque en una zona abunde, normalmente se le
ve solitario incluso en migración, pero también formando pequeños grupos en los que no
están muy distantes unos individuos de otros. El familiar canto
del Cuco Común no necesita mucha descripción. Unicamente añadir que el típico ¡¡Ku-kú!!
era emitido únicamente por el macho, Wyllie (1975) deja en el aire la posibilidad de que
también las hembras en ocasiones pueden tener el mismo canto. A menudo los machos lanzan
un áspero y acelerado como con rabia ¡¡ku-ku-kú!! que también se oye a las hembras y
que repiten 2-3 veces. El típico ¡¡ku-kú!! es emitido con el pico cerrado o medio
abierto. El Cuco Común comienza a cantar inmediatamente después de su llegada en los últimos
días de marzo. Su máxima intensidad es alcanzada en abril y mayo y a partir del 20 de
junio se oye mucho menos. En los primeros 10 días de julio su canto es muy esporádico u
ocasional. La alimentación
está basada sobre todo en insectos y sus larvas, pero los cucos son extraordinariamente
aficionados a comer orugas peludas de pequeño y gran tamaño, por muy repelentes que sean
para otros pájaros. Jourdain cita larvas de Lepidoptera
de Hymenoptera de Diptera, Coleoptera de Ephemenoptera y Odonata. Gusanos,
lombrices, ciempiés y alguna araña también se han observado como parte de su dieta.
Algunas veces los huevos retirados del nido de su huésped también son comidos por el
Cuco e incluso pollos pequeños de otros pájaros. La reproducción del
Cuco Común ha sido siempre objeto de mucha controversia y de numerosos estudios en el campo por
los ornitólogos europeos de todos los tiempos. Aún hoy se esfuerzan en descubrir algunos
de los secretos que están por desvelar. Precisamente sus costumbres reservadas y su
carácter esquivo dan al trabajo del naturalista una dificultad que lo hace más
atractivo. Este ensayo se prolongaría en exceso si se incluyeran aquí las múltiples
observaciones que se han hecho sobre la especial biología de este pájaro. Se
Resumen aquí los
puntos principales en la biología de la reproducción. 1) El
Cuco Común no
construye nido. Utiliza el
de otra especie, siempre de menor tamaño que él mismo. 2) En la Península Ibérica parasitiza nidos de
Petirrojo Erithacus rubecula, Chochín Troglodytes troglodytes, Acentor
Común Prunella modularis, Carricero Común Acrocephalus scirpaceus,
Pardillo Acanthis cannabina, Bisbita Arbórea Anthus trivialis, Escribano
Soteño Emberiza schoeniclus, pero no hay duda que alguna especie más debe ser
añadida a la lista desde que ésta corresponde a observaciones realizadas casi
exclusivamente en el norte de España. En Iberia hay referencias de huevos del
Cuco Común en
nidos de Tarabilla Común Saxicola torquata, Papamoscas Gris Muscicapa striata,
Curruca Capirotada Sylvia atricapilla, Colirrojo Real Phoenicurus phoenicurus,
Triguero Emberiza calandra, Mosquitero Común Phylloscopus collybita,
Curruca Carrasqueña Sylvia cantillans, etc. 3) Erithacus
rubecula y Troglodytes troglodytes sufren la mayor depredación o
parasitización a partes iguales en Guipúzcoa y Asturias. Popularmente los nidos de Erithacus
son conocidos como el típico «nido del cuco». 4) No está claro que los machos lleguen a su
territorio antes que las hembras. Probablemente en muchos casos se cree así porque la
aparición de los cucos se detecta antes por el canto. 5) Cada hembra tiene su territorio que
no suele ser muy extenso unas 3-5 Ha. únicamente para controlar nidos donde poner sus
huevos, pero no para comer. A este territorio
vuelve año tras año. 7) Según Chance (1922, 1940) cada hembra
se empareja con un mismo macho de por vida y supuestamente viajan juntos a Africa. Basaba
esta aseveración en que ambos regresan siempre a la misma localidad. En cualquier caso
esto es muy difícil de probar. 8) Cada macho se
empareja con una sola hembra. Queda descartada la posibilidad de poligamia y poliandria,
aunque Wyllie (1975) considera esto como un punto todavía necesitado de más
investigación. 9) Cada hembra pone
los huevos siempre del mismo tipo y color y por una metódica observación de ellos se
puede identificar a su propietaria y conocer cuántos huevos deja y en qué zona los pone,
descubriendo así los límites de su territorio. 10) Los huevos son
muy pequeños para el tamaño del pájaro y su cáscara es notablemente más gruesa que la
de otros pájaros que los ponen del mismo tamaño, pero siempre algo mayores que los del
huésped. 11) Una hembra se
especializa en una única especie de huésped y pondrá en su nido mientras viva. Si por
destrucción del nido previsto se ve apurada, puede ocasionalmente poner el huevo en un
nido de otra especie que habitualmente nunca es parasitizada por el Cuco
Común. También puede
depositar el huevo en el suelo y abandonarlo allí. 12) La hembra
localiza el nido de su huésped sin ayuda del macho y lo vigila atentamente, visitando el
lugar y escogiendo el momento adecuado para la puesta de su huevo que suele ser cuando el
nido tiene dos o tres huevos de su propietario. 13) Una hembra de
Cuco Común puede retener el huevo en el oviducto varias horas (un máximo de 24). Perrins (1967)
recogió de un nido de Carricero Común Acrocephalus scirpaceus 3 huevos de éste y
uno de Cuco. Examinados en el laboratorio, pudo comprobar que solamente en el huevo de
Cuco había comenzado el desarrollo del embrión, por lo que como el huésped aún no
había comenzado la incubación, estaba claro que el proceso de incubación comenzó en el
oviducto de la hembra de Cuco. 14) La puesta de
cada huevo es efectuada con intervalos de dos días. Hay que añadir que las puestas son
hechas en series de 5 huevos distanciados 48 horas y cada serie se distancia de la
siguiente 3-6 días. Las puestas del Cuco Común no se producen hasta la primera semana de mayo.
Son ocasionales en los últimos diez días de abril y menudean ya a partir del día 8 de
mayo. En Asturias las más precoces se encuentran en las segundas puestas del
petirrojo
y en las primeras del acentor. La última puesta de un huevo de Cuco en un nido de
chochín, lo fue tan tarde como el día 1 de julio. Más adelante son excepcionales. 15) Cada hembra pone
normalmente de 12 a 15 huevos en la temporada. Chance comprobó puestas de 25 huevos, pero
esto no debe ser corriente y no se ha confirmado nunca en Iberia. 16) Las puestas se
efectúan entre las 15,30 y las 17,30 horas invariablemente. Nunca por la mañana y
referidas a la hora solar. 17) Todas las
hembras en actitud de poner se sitúan después del mediodía en un punto ventajoso desde
el que vigilan el nido de su huésped, esperando el momento oportuno. 18) Al llegar al
nido la hembra coge con el pico uno de los huevos del huésped y deposita el suyo en un
tiempo extraordinariamente corto, unos 8-11 segundos. El del huésped es retirado y
llevado lejos. En ocasiones lo come allí mismo. 19) No siempre tiene éxito la puesta
del Cuco y el propietario del nido puede arrojarlo fuera. El huevo retirado por la hembra
de Cuco es siempre invariablemente el que menos se parece al suyo. 20) Que la hembra de
Cuco pone huevos muy semejantes a los de su huésped no está muy claro en todos los
casos. Muy a menudo son completamente diferentes. Cuando retira el huevo más dispar con
el suyo inicia un proceso de selección natural. Sin embargo, no se debe descartar la
influencia de los genes. Así, Friedmann estima que esto es sólo una hipótesis y no un
hecho establecido y que es necesario probarlo con superior investigación. 21) Cada hembra de
Cuco parasita la especie de huésped por la que ella fue criada. Una vez puesto el huevo
se desentiende completamente de él. Hay evidencia, sin embargo, de cucos que toman parte
en la alimentación de los pollos. Meiklejohn (Bannermannn, 1955) cita un caso bien
comprobado de un Cuco Común adulto cebando a un pollo en el nido y posteriormente fuera de él.
Hay más situaciones de éstas bien comprobadas, pero puede asegurarse que son realmente
excepcionales. 22) Parece
claramente establecido que el Cuco no pone el huevo en el suelo y luego cogiéndolo con el
pico lo llevaría al nido del huésped. Cuantas veces se le ha visto así no hay duda que
se trataba de un Cuco que transportaba el huevo retirado por él del nido parasitizado. 23) Sin embargo,
está por resolver en todos los casos la forma en que el Cuco pone el huevo en el interior
del nido del Chochín Troglodytes troglodytes. Los nidos de este pájaro
conteniendo huevo de Cuco, tenían el agujero de entrada anormalmente agrandado,
indicativo de que había sido manipulado. La forma en que el Cuco se sujeta en el ramaje
próximo para eyectar dentro del nido el huevo no ha sido todavía observada, pero en
determinadas situaciones de estos nidos no es difícil la operación. 24) No puede descartarse que la hembra
de Cuco ponga el huevo en el suelo ocasionalmente y con el pico lo introduzca en un nido
de los que tienen un estrecho agujero de entrada como el de Troglodytes. Bannerman (1955)
cita el caso de una hembra de Cuco Común encontrada colgando muerta atrapada por la cabeza en el
agujero de una caja nido de donde no la había podido sacar. En el interior había un nido
que contenía un huevo de Cuco Común recién puesto. 25) De forma ocasional 2 ó 3 huevos de
diferentes hembras de Cuco pueden ser encontrados en un mismo nido. El periodo de
incubación de los huevos de Cuco es muy corto, no superior normalmente a 12,5 días lo
que provoca que el nacimiento del pollo sea casi siempre anterior en unas horas al de su
huésped. Está bien comprobado que los huevos de Cuco están al llegar al nido ya
ligeramente incubados y el embrión ha comenzado a desarrollarse, quizá en el propio
oviducto del pájaro como se desprende de los exámenes realizados en hembras muertas
inmediatamente antes de poner. Los pollos tienen en la espalda un hueco muy sensible y sus
hombros son desproporcionadamente anchos y fuertes. Con ellos y en movimientos
espasmódicos que comienzan a realizar a las pocas horas del nacimiento expulsan fuera del
nido bien a los huevos del huésped aún no eclosionados o a los pollos si han nacido. No
siempre esta operación tiene éxito y algún pollo del propietario del nido puede quedar,
siendo criado bien, a pesar de la gran voracidad de que el pollo de Cuco hace gala. Si en
el nido hay varios pollos de Cuco es raro que sobrevivan, porque los padres adoptivos
carecen de capacidad normalmente para poder alimentarlos o uno arrojará fuera a los otros
dos. Un notable ejemplo fue descrito por Burton (1947) de un Cuco y 4 jóvenes petirrojos
criados con éxito en el mismo nido. El Cuco salió primero de él y los petirrojos dos y
tres días más tarde. En este caso y casualmente el joven Cuco falló en
expulsar a los pollos de petirrojo del nido y a pesar de que con su peso y tamaño los
aplastaba, los adultos se arreglaron bien para cebarlos. Desafortunadamente para las
víctimas de la parasitización del Cuco esto no es nada frecuente. El color de los
huevos de Cuco es muy variable. En general el fondo es blanco o grisáceo con profuso
moteado por toda la superficie, pero los hay azulados, amarillentos, pardos, verdosos o
rojizos y algunos tienen puntos finos negros. Para 100 huevos obtenidos en Gran Bretaña,
Jourdain da un promedio de medidas de 23,05 x 17,23 mm. con un máximo de 26,4 x 18,8 mm.
y un mínimo de 20 x 15,8 mm. Rey que manejó nada menos que 710 huevos de Cuco
encontró
un promedio de 22,4 x 16,5 mm. Entre 20 y 23 días
tarda un Cuco en salir del nido y su alimentación es un trabajo ímprobo para los padres
adoptivos que con frecuencia parece que van a ser tragados en la amplia boca de aquél. El
pollo al nacer carece completamente de plumón y su piel es más oscura en la cabeza. El
interior de la boca es anaranjado y las comisuras amarillas. Su desarrollo es muy rápido. En Asturias es
frecuente entre los campesinos la creencia de que los petirrojos y chochines (raitanes y
cericas) son comidos por el joven Cuco al terminar la reproducción. El tiempo durante el
cual el Cuco continúa siendo alimentado por sus padres adoptivos se extiende
considerablemente y sigue, aunque él ya coma solo. Los cucos jóvenes
de la variedad roja conservan este color después de la muda que sufren en el invierno en
sus cuarteles africanos desde noviembre a marzo. Estas hembras parecen tener tendencia en
la zona Cantabrica a parasitar nidos de Troglodytes con preferencia a los de otros
pájaros. Hasta ahora todas las observadas por mí habían nacido en nidos de aquellos
pequeños pájaros y ponían sus huevos en los nidos de ellos. No puede tomarse esto como
una norma y es necesario realizar más observaciones. El Cuco Común ocupa en Europa prácticamente
todos los países excepto el extremo Norte e Islandia. Su densidad es variable y escasea
en amplias zonas, pero abunda en campiña arbolada de la Europa húmeda y a altitud media.
Las Islas Británicas, el Norte de Iberia, Francia y Centroeuropa tienen las mayores
densidades y el Cuco es allí un pájaro extraordinariamente popular con gran incidencia
en el folklore de cada región o provincia. En la Península Ibérica es francamente
numeroso en todo el tercio Norte, ocupando bosques, bosquetes, campiña arbolada,
carrizales, plantaciones de frutales y linderos de campos cultivados con arbustos y
matorrales. Realmente habita en todas las regiones peninsulares, pero falta en extensas
zonas del Centro y Levante. En bosques de montaña hasta niveles ligeramente por debajo de
los 2.000 metros tiene una densidad regular, pero no tan alta como en la campiña
norteña. Las primeras
llegadas del Cuco Común a Iberia se producen invariablemente unos días antes del 19-20 de
marzo. El canto se escucha esporádicamente sólo a partir del 15 de marzo. Es ocasional
en fechas anteriores. Un buen flujo de estos pájaros se observa en la mitad sur de la
Península entre el 20 y el 31 de marzo. Algunos se oyen por la campiña norteña en esas
fechas. Primera llegada registrada en Asturias: 11 de marzo. Primera en Galicia: 17 de
marzo. Primera en Guipúzcoa: 21 de marzo. Primera en León: 22 de marzo. Primera en
Cádiz: 12 de marzo (Bernis, 1970, citando a Del Junco). Primera en Madrid: 17 de marzo
(Bernis, 1970). El mes de abril, desde el primero al último día, concentra la masiva
llegada de los cucos ibéricos. A partir de la primera semana su canto se va incrementando
en toda la campiña y en determinadas zonas se hace muy visible y puede ser bien
detectado, no sólo por el canto. Pensar que el Cuco al sobrevolar Africa «cae»
exactamente en la región española o portuguesa donde nació o anidó el año anterior,
no parece muy acertado y faltan pruebas para ello. La progresión de Sur a Norte es
evidente en los campos ibéricos y concentraciones de estos pájaros se pueden observar
durante todo el mes de abril en el sur de España, aunque bien es verdad que cada uno se
distancia del otro 100-200 metros cuando se estacionan durante el día. En determinadas
zonas, Cádiz, Guadarrama, Guipúzcoa (11-21 de abril), se ha observado grupos de
cucos
posados al descubierto y en cantidad que indudablemente superaba la normal densidad en
aquellos lugares durante la reproducción. El tiempo era a menudo húmedo y llovía
intermitentemente con vientos racheados. ¿Quizá se trataba de migrantes en paso
primaveral a los que el mal tiempo obligó a detener el viaje? Concentraciones similares
de cucos se observan en campos costeros del occidente y oriente asturiano en abril. En
Guipúzcoa no son raros estos grupos desde el 15 de aquel mes. Por Levante (isla de Buda,
Delta del Ebro, Columbretes, según Maluquer, 1971 y Bernis y Castroviejo, 1966) es
escaso. Parece, pues, que existe un indudable y bien acusado paso primaveral a través de
Iberia. Sin embargo, el paso otoñal se acusa muy poco y es ocasional la observación de
cucos agrupados. Más que a iniciación de la migración, pudieran ser debidas a la
atracción que sobre ellos tiene una plaga de algún insecto. Hurrell (1975) menciona para
Inglaterra una ocasional observación de un bando de 40 en el mes de agosto posados sobre Cupressus
macrocarpa. Indudablemente se trataba de un hecho excepcional. Bernis (1970) sugiere
que gran parte de los cucos europeos pueden migrar en julio y agosto en un vuelo en
abanico desde el Centro-Norte del Continente, incluidas las Islas Británicas, hacia el
Sudeste, buscando el Africa Oriental. Esto explicaría la masiva y notoria presencia de
cucos en Egipto y la escasez de ellos en la Península Ibérica y Norte de Africa durante
el paso otoñal. Moreau (1972) es más partidario de admitir que los cucos realizan un
vuelo sin escalas a través de Iberia y el norte de Africa, incluyendo el extenso desierto
del Sahara hasta alcanzar cuando menos el Africa Tropical. Al escribir sobre la invernada del
Cuco Común en Africa seguiremos a Bernis (1970) y a Moreau (1972) quienes a la luz de la
bibliografía actual y de las escasas recuperaciones de cucos anillados, elaboran un
panorama o esquema invernal del Cuco en Africa. Este pájaro tiene un status en el
continente negro durante el invierno difícil de determinar por la abundancia allí de
otro muy similar, Cuculus cuculus gularis, distinguible en la mano por pequeñas
diferencias de plumaje y por tener la base de la mandíbula inferior de color amarillo,
pero no en el campo, a menos que el pico pueda ser visto con claridad. Las capturas señaladas por Stresemann
de cucos de la subespecie bangsi en Malawi, parecen extender la supuesta invernada
de nuestros cucos desde el Africa Tropical Occidental hasta la zona oriental. Bernis
sugiere la posibilidad de que aún queden poblaciones de bangsi ignoradas que
críen mucho más al Este de Iberia y que serían los invernantes a que Streemann se
refiere. De otro modo habría que pensar en un área de invernada muy extensa. En Africa
Occidental las observaciones de cucos paleárticos son pocos y esporádicas (Morel y Roux
capturan algunos en el Senegal en agosto y septiembre). Las observaciones de bangsi
son efectuadas solamente desde mediados de agosto hasta la mitad de octubre. ¿Continúan
su viaje estos supuestamente cucos ibéricos? las observaciones son contradictorias y no
hay aquí lugar para más especulaciones a base de observaciones esporádicas y no siempre
muy seguras. Sólamente hay que añadir que los cucos de la raza europea canorus
parecen atravesar el Ecuador e invernar tan al Sur como en Zaire, Rhodesia, Malawi, Zambia
y Namibia. Moreau infiere que el grueso de los cucos paleárticos que invernan al sur del
Ecuador, inician la migración primaveral desde estas bajas latitudes, haciendo un vuelo
continuo sin escalas sobre los trópicos y el desierto. Esto podría suponer distancias de
más de 3.000 kilómetros hasta las costas del Mediterráneo. Es significativo (Smith,
1966) que en 116 días de trabajo en el campo en una sucesión de primaveras en el borde
norte del desierto (Marruecos), Cuculus canorus fue registrado sólo en 9 días.
Ocho de ellos un pájaro solitario cada día y 3 en el día restante. Esto parece
corroborar la teoría de Moreau de sobrevuelo de grandes extensiones del Continente
africano. Parece probable que vuelos sin escala de 3.000 kilómetros o más son la regla
general también en el otoño, puesto que muy pocos cucos son vistos en la costa norte de
Africa. Resumiendo se puede decir que: a) Está comprobado que los adultos emigran en el
otoño antes que los jóvenes. b) la migración otoñal comienza en julio y dura hasta
agosto con ocasionales cucos jóvenes que se ven todavía en septiembre. c) La migración
transcurre volando los pájaros en solitario. Las concentraciones parecen ocasionales. d)
Los cucos ibéricos y del norte de Africa pertenecientes en gran parte a la subespecie bangsi,
invernan en el Africa Tropical Occidental, aunque se citan escasas capturas y
observaciones más al oriente. En todo caso nuestros cucos no rebasarían la línea
ecuatorial hacia el Sur. e) A tenor de la escasez de observaciones en el sur de Iberia,
Marruecos y Sahara Occidental, la migración otoñal de nuestros cucos pudiera efectuarse
en un vuelo sin escalas sobre el norte de Africa y el desierto. f) Se desconoce la
longitud de los vuelos sin escala, pero ésta sería algo más corta en la migración
primaveral desde que concentraciones de posibles migrantes se observan en Marruecos y sur
de Iberia. g) Los cucos de la subespecie canorus, habitando el resto de Europa
parecen tender a realizar un vuelo en migración otoñal hacia el Sudeste. Sin embargo,
hay excepciones: uno anillado como pollo en Holanda fue capturado en Ghana con línea
ideal de vuelo hacia.el Sur. h) El cuartel de invernada de canorus está en gran
parte por debajo de la línea ecuatorial (Zaire, Malawi, Tanzania). i) El vuelo sin
escalas en primavera desde latitudes tan bajas, obligaría lógicamnte a los
cucos a
recorrer distancias superiores a los 3.000 kilómetros. j) Bernis sugiere la posibilidad
de dos ondas migratorias o flujos desde los cuarteles de invierno:
uno para cucos invernando en el Africa Tropical Occidental (bangsi y parte de canorus)
y otro para cucos que llegan en invierno hasta el Africa Centro-Sur (canorus),
éstos alcanzando más tarde su destino europeo. La población de cucos se mantiene
estacionaria en gran parte de su área de reproducción a pesar de la considerable
depredación y destrucción de nidos. El propio Cuco lucha por su supervivencia con una
alta puesta de huevos que se interrumpe en los primeros días de julio, debido
posiblemente a la aparición en el territorio de cucos jóvenes ya completamente
emplumados (Wyllie, 1975). La destrucción de nidos de su huésped, robando huevos y
pollos puede explicarse de tres maneras: I) para procurarse alimentación; II) para forzar
al huésped a volver a anidar de forma que el ciclo de la reproducción quede en línea
con el del propio Cuco; III) para evitar que otras hembras de Cuco pongan sus huevos en
nidos asequibles dentro de su mismo territorio. Mucha más
observación es necesaria para desentrañar completamente la biología y la conducta del
Cuco Común. Concluyendo con lan Wyllie, la mayor dificultad estriba en que el ornitólogo cuando
trabaja en el campo no puede distinguir con certeza un cuco de otro. Sus hábitos secretos
permiten al pájaro evadir toda observación por períodos largos fundamentales y el
naturalista pocas veces puede estar seguro del sexo de un individuo en particular.
Además, aunque hay muchas razones para creer que sólamente el macho llama ¡¡ku-ku!! y
que únicamente la hembra «burbujea», esto no es concluyente como ya hemos visto antes. |