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Larus ridibundus Desde el mes de agosto es abundante en
toda la Península Ibérica la Gaviota Reidora Larus ridibundus. De pequeño
tamaño, su característica más acusada es el color de la cabeza, un achocolatado oscuro
que le da apariencia de encapuchada y que únicamente muestra durante la primavera.
También el color blanco del borde anterior de las alas, el dorso gris y las puntas de las
primarias negras, le proporcionan un aspecto que hace difícil la confusión de esta
Gaviota con otras, aunque puede haberla con la muy parecida Gaviota Cabecinegra Larus
melanocephalus, especie ésta que, sin embargo, carece del color negro en las
primarias. Alrededor de los oscuros ojos se le nota bien durante la época de la
reproducción un anillo orbital blanco, siendo igualmente una nota bien distintiva y
fácil de ver el pico y las patas de color rojo brillante. Desde finales del mes de julio hasta el
comienzo de la primavera del siguiente año, la cabeza es blanca con una mancha oscura
detrás de los ojos, aunque no es raro observar algunas gaviotas reidoras con parte de la
cabeza manchada de oscuro durante el invierno. Aún más, frecuentemente algunas poseen ya
parte del capuchón oscuro en el mes de diciembre, pero esto es excepcional. Más a menudo
comienzan a verse «encapuchadas» en enero y sobre todo en febrero ya son mayoría. En marzo, prácticamente todas las que
han llegado a la madurez presentan el plumaje completo. Los individuos inmaduros tienen el
plumaje del dorso manchado de marrón y las patas y el pico de color carne. También se
ven frecuentemente algunas con el pico rojo y las patas rosadas. Las gaviotas reidoras son pájaros
ruidosos, especialmente en sus colonias de cría, donde sus ásperos gritos resultan
desagradables al oído. Frecuentemente se habla del carácter agresivo de esta especie. La
cota más alta de agresividad suele ser provocada cuando un intruso penetra en la colonia
de cría para coger huevos y pollos. Pero durante el resto del año las gaviotas reidoras
sólo ocasionalmente luchan entre ellas, demostrando por otra parte gran sosiego cuando
están posadas en las playas y campos. Más aún que otras gaviotas, la reidora tiene el
vuelo rápido y ágil, realizando frecuentes quiebros en el aire y aprovechando las
fuertes ráfagas de viento para efectuar ascensos y descensos vertiginosos, volando a ras
de las olas, siguiendo las orillas de las playas o cerniéndose sobre la tierra recién
arada. Tiene el vuelo más boyante que otras gaviotas, pareciéndose más a los charranes.
Tiende a posarse frecuentemente en postes y salientes de muelles, pero más a menudo en el
suelo cerca de la costa, aunque el lugar esté próximo a zonas habitadas de gran tráfico
de vehículos de motor. Como anida entre plantas de diversos arbustos, también se posa a
veces en ramas secas de ellos e incluso en árboles, lo que sorprende para una gaviota.
Sus vuelos altos y acrobáticos sobre zonas donde en el verano abundan las hormigas con
alas, son fácilmente observados en días calurosos de agosto. También, al igual que
otras gaviotas, estos vuelos y actividades se relacionan con el próximo estado del
tiempo, siendo para algunas personas un verdadero pronóstico meteorológico de amenaza de
temporal el que los bandos de gaviotas permanezcan posados muchas horas. Está comprobado
que estas actitudes son solamente acertadas en parte. Cuando en invierno caminan por las
orillas de las playas con unos prismáticos se pueden ver fácilmente cuántas de estas
gaviotas están anilladas, operación que sé efectúa en sus colonias de cría en Europa
y gracias a la cual se conocen ahora muy bien sus movimientos migratorios. La voz de la Gaviota Reidora es muy
variada. Desde un sonido corto y gutural que significa alarma, hasta uno abrupto y áspero
que emite con el pico medio abierto, existe una gran gama de ellos. Aunque los invertebrados forman una
parte muy importante de su dieta, igual que las demás especies de gaviotas, come
prácticamente de todo. Su costumbre de alimentarse en campos y tierras de labor,
siguiendo a los tractores al arar la tierra, en grandes bandos, pueden ser muy útiles al
agricultor, puesto que comen innumerable cantidad de gusanos, larvas e insectos dañinos.
A este respecto, también hay que citar los grandes perjuicios que ocasionalmente
producen, como sucede en las viñas de La Mancha, pues en el mes de septiembre, que es
cuando el fruto está maduro, muchas reidoras llegan a las lagunas de esta zona de Iberia,
formándose concentraciones que pueden alcanzar el millar de aves. También visitan
estuarios fangosos y desagües de alcantarillas, aunque son menos aficionadas a vertederos
que la Gaviota Argéntea Europea. La mayoría de las gaviotas reidoras
que se ven en el interior de la Península durante el otoño e invierno, penetran
siguiendo el curso de los ríos, buscando zonas húmedas, lagunas y carrizales. Su
abundancia en lugares tan interiores como el Lago de la Casa de Campo, en Madrid, y en
otras zonas próximas ya es proverbial. Hasta 1960 no se tuvo plena seguridad
de la reproducción de esta Gaviota en la Península Ibérica. El 20 de mayo de aquel
año, Salvador Maluquer y Arturo Sarró descubrían en la Isla de Buda (Delta del Ebro)
una colonia con 25 nidos, situados entre matas de salicornia y colocados a pequeña altura
del suelo. Este hallazgo vino a confirmar la sospecha de algunos ornitólogos (Bernis), de
que en diversas zonas de Iberia se veían durante la época estival reidoras con plumaje
de adultos y que no estaba lejos el día en que se demostraría su nidificación. Nuevos descubrimientos de pequeñas
colonias en otros lugares fueron efectuados en mayo de 1966 en la Laguna de Fuente de
Piedra (Málaga), donde una pequeña colonia con cinco nidos se confundía entre otra
mayor de Pagaza piconegra Gelochelidon nilotica; en el lago de la Albufera
(Valencia), en 1967, también se encontraron dos nidos y en las lagunas de Alcázar de San
Juan (Ciudad Real) seis nidos. En el valle del Ebro parecen asentarse ahora las colonias
más numerosas de la especie. En Osera y en la laguna La Salada de
Chiprana (Zaragoza) ha habido nuevos intentos de colonización con éxito y es
especialmente abundante en la Laguna de Gallocanta, donde las parejas reproductoras son
numerosas y muchos adultos en bandos de centenares merodean por la zona toda la primavera.
En muchos otros lugares de la geografía peninsular la presencia de adultos con el plumaje
completo, durante los meses de mayo y junio, permiten presumir nuevos hallazgos de
pequeñas colonias. La mayor parte de las parejas se
presentan en sus lugares de cría en los últimos días del mes de abril. Son monógamas y
durante los primeros días, en los que las muestras de celo por parte de los adultos y las
representaciones del cortejo nupcial son frecuentes, se vuelven muy tímidas y la
presencia de intrusos provoca fácilmente el pánico en toda la colonia. En la época de
reproducción permanecen más tranquilas, con esporádicos brotes de agresividad. En julio
las muestras de pánico vuelven a ser más acusadas. En Iberia el apareamiento se produce en
abril y, en los últimos días de mayo, ya muchos nidos tienen huevos. Estos son de color
verdoso con manchas marrones en la parte más ancha. También se pueden encontrar algunos
con el fondo pardo rojizo o con puntos marrones repartidos por igual por toda la
superficie. Los nidos suelen estar construidos muy cerca unos de otros y de forma muy
somera, con ramaje corto y palos o paja seca de las plantas que dominan en la zona. El
interior suele estar forrado con ramitas más finas y menudas. Un instinto natural hace
que, frecuentemente, en lugares propensos a inundaciones, las gaviotas construyan los
nidos a pequeña altura para protegerlos de eventuales subidas de las aguas. La puesta
normal es de tres huevos y ambos adultos toman parte en la incubación, que suele durar
entre 23 y 24 días. A poco de nacer, los pollos abandonan el nido y permanecen ocultos
entre la vegetación o al descubierto echados sobre hierbajos secos, por lo que
frecuentemente son víctimas de depredadores, especialmente de ratas. Los jóvenes son
alimentados por ambos padres, pero el macho frecuentemente trae la comida que regurgita
para que la hembra la recoja y se la dé al pollo, que ya come directamente cuanto tiene
unos días de edad. A las cinco semanas realizan ejercicios de vuelo, no pudiendo volar
bien antes de las seis semanas. Se calcula que la alimentación de la
Gaviota Reidora está formada por un 90 por 100 de materias de origen animal y el 10 por
100 de vegetales. En las costas, crustáceos y moluscos forman la mayor parte de la dieta
y en los campos y tierras de labor coleópteros, ortópteros, lepidópteros e
himenópteros. Alcanza la madurez a los dos años, aunque parece que existen casos de
reidoras que se reprodujeron en el primer año de vida. Volviendo sobre su carácter agresivo
durante la reproducción, la aproximación de una persona a la colonia provoca un
repentino pánico, que se transforma inmediatamente en agresividad hacia el intruso,
efectuando pasadas que no son peligrosas para los observadores. Los pollos tienen al nacer el plumaje
de color marrón pálido con manchas negras o marrón muy oscuro, poseyendo un gran
mimetismo entre la vegetación. Las gaviotas reidoras que son eminentemente sociales,
frecuentemente se asocian con otras especies, formando una verdadera barahúnda de nidos,
huevos y pollos de reidoras, Charrán común, Pagaza piconegra, avocetas, etc. Seis nidos
examinados (Alcyon 1971 ) en una isleta de la laguna de Alcázar de San Juan, daban un
promedio en su diámetro exterior de 30 cm. y estaban a una altura del agua de 14,5
centímetros. La Gaviota Reidora es una especie
netamente migradora. En los últimos días de julio se ven los primeros núcleos de
migrantes en las rías y costas del Norte de Iberia. La mayoría de éstos son inmaduros
del año anterior, que probablemente pasaron la época de reproducción en zonas más al
Sur de su lugar de nacimiento y algo más al Norte de la Península Ibérica. En agosto,
el paso otoñal es manifiesto en todas partes, pero, especialmente en septiembre, costas,
playas, ríos y lagunas interiores se pueblan de reidoras jóvenes y adultas que siguen
una clara dirección Sur. El movimiento continúa en octubre y durante el invierno es ave
común en toda la Península Ibérica. Se trata, sin duda, de una especie en plena
expansión por toda Europa, ocupando aquí, fundamentalmente, lagunas y marismas del
interior. Es escasa únicamente en los países de la zona mediterránea, con sólo
pequeñas y esporádicas colonias diseminadas. También anida en dunas costeras y,
especialmente, es querenciosa de islas e isletas dentro de los lagos y lagunas. La
expansión que ahora se observa hacia el Sur, fue antes precedida de otra hacia países
nórdicos de Europa, llegando incluso a Islandia y siendo también notable su incremento
en los países escandinavos. Los anillamientos masivos de pollos en
las colonias de cría europeas, han permitido conocer bien sus movimientos migratorios,
que en algunos casos son muy notables. Dos gaviotas reidoras anilladas en Alemania
(Rossitten), cruzaron el Atlántico y fueron recuperadas en Barbados y México. Otra
anillada en Holanda llegó a la Península de Labrador (Canadá). Sin embargo, estas
distancias son excepcionales y en invierno la Gaviota Reidora no suele ser abundante más
allá, por el Sur, del Sahara. Una anillada como pollo en 1972 en las lagunas de Alcázar
de San Juan (Ciudad Real), fue recuperada a los cinco meses en Aargub (Sahara) en el
occidente africano. Otras llegan hasta Gambia y Nigeria y en el oriente de Africa es
frecuente hasta el Norte de Eritrea y abunda en los lagos de Etiopía. Muchas
recuperaciones de anilladas en países europeos han tenido lugar en la Península
Ibérica. Prácticamente en todas las provincias, no sólo costeras, sino del interior, se
han cogido reidoras anilladas. Especialmente numerosas han sido las recuperaciones en las
costas vascas, luso-atlánticas y mediterráneas. A pesar de la abundancia de reidoras en
el interior, el 80 por 100 de las anillas recuperadas lo han sido en las costas. Las
capturas en el interior se agrupan, preferentemente, en las provincias del Oeste. Bernis
(1967) estima que la alta cifra de recuperación en la provincia de Madrid es, sin duda,
consecuencia de la concentración invernal de gaviotas, provocada por el alcantarillado de
la capital de España en la cuenca de los ríos Manzanares y bajo Jarama. La dirección
suroeste seguida por las reidoras en su migración puede explicar la gran proporción de
aves que, procedentes del occidente europeo, se recupera en el Noroeste español y costas
atlánticas portuguesas. Así sucede con gaviotas de Gran Bretaña, Bélgica, Holanda y
Escandinavia. Sin embargo, las francesas del Sureste, de Alemania del Sur, Polonia,
Checoslovaquia y Países Bálticos, alcanzan más fácilmente el Sureste y Sur de Iberia. |