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En Caspe, no hay falta de materia prima, 4.000 ha de regadíos, con microclima templado que da excelentes vegetales; una cabaña de 36.000 corderos con inmensos montes de escasa y aromática hierba; se suponen unos 50 millones de peces en el Mar de Aragón; y el aceite. Cocina mediterránea, con matices.

Se puede empezar por la fritada o frigolla clásica (tomate, cebolla, pimiento) o caracoles con calabaza, a veces con toques de patata. Punto y aparte merecen los tomates secos, especialidad local, placer desconocido menos en el sur de Italia, y nunca bien ponderado. El tomate seco y frito es una mediterraneización de lo americano, es sol y sal.

El ternasco, cordero joven, es una auténtica delicia, si el horno es idóneo o el guisote tiene "de todo". Del cerdo no hay que perderse los "adobos" tajos de lomo y costilla fritos y conservados en buen aceite. También el gremio de carniceros hace buenas longanizas, chorizos y en las matanzas, que todavía las hay, morcilla de cebolla y pellas.


Del Mar de Aragón se toma sobre todo la Lucioperca. Al horno a la sal o en guisos de caldo y plato. Dicen que en boca de aragonés nunca hay mal pez. es cuestión de probar e investigar es este mar de posibilidades.

Particular interés tiene el lamín. La repostería popular ofrece dulces de calabaza, de membrillo, de compotas caseras. como productos especiales, por aceite y tradición, las magdalenas. Por las fechas de disfrute, el pastel de alma navideño. Para quedar bien, las tortas de balsa, medieval torta real de almendras, que se sigue haciendo casi igual, o las de manzana, de nueces... Con vino de nueces se acompañan estos dulces. También hay vinos locales de cuidada elaboración y fuerte personalidad.

Sencillez y calidad, con una cuidada elaboración artesana hacen de estos productos auténticas delicias.



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