Juan Caramuel de Lobkowitz
La figura del español Juan Caramuel de Lobkowitz (1606-1682) es relativamente poco conocida.. Este abad del Císter, nacido en Madrid, tuvo una larga vida ejerciendo variados puestos eclesiásticos en diversas ciudades europeas (entre ellas Praga) y murió a los 77 años siendo obispo de Bejeven, nombre español de Vigevano, en Lombardía. Ya Menéndez Pelayo había dicho sobre Caramuel: "El más erudito y fecundo de los polígrafos del siglo XVII.
La producción de Caramuel es amplísima y abarca casi todos los campos del saber. Su curiosidad intelectual le lleva a indagar en todas las fuentes, que en su época estaban abiertas hacia las nuevas tierras del "extremoccidente"y a las del "extremoriente" y apreciando los conocimientos más esotéricos, equipado con el conocimiento de muchísimas lenguas y ciencias originarias de América, desde México hasta Chile, o sobre las misteriosas regiones del alejado Oriente,
algunas ciertamente exóticas, como el chino. Caramuel suele, empero, escribir en elegante latín, y a menudo desliza palabras o expresiones españolas, especialmente si cree que con estas idiosincracias linguisticas colorea su pensamiento con energía y precisión.
El pensamiento de Caramuel, y sus trabazones con otras ramas del saber u otros pensadores, han motivado ya serias investigaciones. Mencionemos dos de ellas. El Padre Ramón Ceñal se ocupó de la relación con el jesuita Kircher, contemporáneo de Caramuel, que vivía en Spira, en el Palatinado
Figura fascinante por su complejidad y continuas paradojas es Juan Caramuel de Lobkowitz. De niño se dedica con ferocidad intelectual a las matemáticas; mas su padre, alarmado, lo inscribe en la estricta formación humanística de las lenguas, donde igualmente se afana con ardor inusitado para arrojarse más allá de lo normalmente esperado para su edad, ya que no le satisface la enseñanza tradicional, sino que anhela avanzarla en dos polos opuestos de exageración y abigarramiento en su producción y al mismo tiempo de simplificación en la enseñanza. A continuación se lanza a las ciencias filosóficas, donde se abarcaban las ciencias todas de la naturaleza, enseguida a la teología, y posteriormente a defensas legales y políticas, hasta recorrer las ciencias y las artes conocidas en su tiempo. No se conforma y avanza aun más, hasta estudios sobre las lenguas y ciencias originarias de América, desde México hasta Chile, o sobre las misteriosas regiones del alejado Oriente.
Por haber sido arrancado de su primera afición a las matemáticas y lanzado a otros estudios, permanece en él la marca de un espíritu inquieto que salta de una perspectiva del saber a la opuesta, de una rama del saber a otra, como un árbol con ramas desgajadas que apuntan en direcciones opuestas hacia lo ilimitado; en su espíritu, no obstante, anhela aunar las tendencias intelectuales contrarias. Es un defensor apasionado de los modernos, aunque conoce e imita la cultura de los antiguos. Es al mismo tiempo un último destello del Renacentismo y un pionero de los conocimientos intelectuales modernos, donde hace aportaciones a las nuevas ciencias con destellos de innovador, aunque no llega a destacarse absolutamente en ninguna de ellas, ya que late en su interior el ideal universal de los renacentistas de abarcar todo el conocimiento habido y por haber: si su patria España descubrió nuevas tierras allende los mares, deberá él descubrir formas y conocimientos allende las artes y las ciencias. Sus escritos son una explosión de excesos, un atreverse intelectualmente a superar los límites establecidos en los controvertidoss nuevos campos del saber, ya sean científicos, filosóficos o teológicos. En la antigüedad la perfección estaba en un equilibrio: "Nada en demasía" entre los griegos, que fuera la "aurea mediocritas" de los latinos; a Caramuel, por el contrario, ningún exceso le parece demasiado; sus inquisiciones son como una esfera con rayos infinitos, cuya urdimbre se basa en intrincadas combinaciones lógico-matemáticas, que nos recuerda el arte combinatoria de Raimundo Lulio. Por lo demás, su actividad no se satisface si no comenta, anota y escribe sus aventuras intelectuales en abigarrados volúmenes hasta llegar a ser según Menéndez Pelayo, "El más fecundo y
erudito polígrafo de su siglo." Caramuel es un aventurero de la vida real. La literatura del siglo de oro contiene varios ejemplos de escritores con agitadas vidas; la suya lo constituye en monje, vagabundo, escritor, polemista, diplomático, misionero, defensor de la fe y con fe sospechosa y, por último, en pastor solícito de su grey, por recordar las más destacadas.
Según los criterios de la época, sin embargo, Caramuel no tiene la prudencia y moderación que aquellos turbulentos tiempos requieren. Su oposición sin tregua a las doctrinas de Jansenio, por ejemplo, lo lleva a propugnar con liberalidad la doctrina del probabilismo (según la cual se puede aceptar cualquier opinión moral, con tal que haya autores de peso que la sostengan) hasta los últimos resquicios de casuística y fue por ende tachado de extremista y de laxista
Fue un verdadero niño prodigio. Tuvo por preceptor al maronita Juan de Esron, Ezron, o Ezrom, quien lo entusiasmó por las ciencias exactas, bajo el mismo preceptor avanzó en el conocimiento del griego, hebreo, caldeo y siriaco. Ingresó luego en el Colegio Imperial de los Padres de la Compañía de Jesús en Madrid y en tres años cubrió el estudio de las artes liberales: la gramática, retórica y poética
Estudia posteriormente en la Universidad de Alcalá de Henares, donde, según los gustos de aquel tiempo, se inicia en la lógica aristotélica. Sin detenerse en el simple aprendizaje de la doctrina filósica tradicional Juan Caramuel trata de ser exhaustivo e ir aun más allá en lo que él llama "Metalógica"
Sus argumentaciones hicieron fama, al grado que si alguien presentaba un argumento insólito o extravagante, se solía decir en proverbio: "Aut es Angelus, aut Diabolus, aut Caramuel." Hay un buen testimonio sobre la capacidad logística de Caramuel en el comentario que hizo su antiguo maestro en lógica Benito Sánchez, por entonces Obispo de Pozzuoli, que al leer un opúsculo incluido en su Trismegistus Tneologícus (vigevano: Oficina Episcopal. 1679 remite a quien le escribe: «Ha muchos años que nos conocemos, y sabe v. s. I1lustr. que no juro yo de buena gana; pero con todo eso juro por Dios y este signo de la cruz que no he leído libro mejor en mi vida».
Los biografos y críticos convienen en definir las tendencias caramuelianas, en su crítica a la filosofía tradicional, su continuo interés por las matemáticas y el maridaje de todas las ciencias y artes, su apasionamiento por la visión universal de Raimundo Lulio, quien dejará su huella tanto en su ansia enciclopédica como en el arte combinatoria que se trasluce en sus elucubraciones sobre las ciencias y las artes, en las que el gran visionario mallorquín fue junto con su contempóraneo zaragozano Abraham Abulafia, un pionero. También escribe un tratado de criptografía «Steganographia», en el que habla sobre el abad benedictino Juan Tritemio (1462-1516).Este abad de Spanheim fué autor de gran número de obras de carácter histórico y literario, se le recuerda también por haber sido maestro de Paracelso,pues bien, Caramuel comenta que este abad había encontrado un método de escribir en lenguaje cifrado, aspecto que le interesaba especialmente. También, en este mismo texto, corrige el griego de Quevedo, comentando la confusión entre «geometría» y «geomancia», ciencia tradicional la segunda, que se basa en las diciseis diferentes configuraciones que pueden tomar dos elementos, tomados de cuatro en cuatro, y que se basaba en lo actualmente se llama sistema binario de numeración. Más adelante determina la etimología de estenografia, derivada de la raiz steganós, significando que cubre, que recubre herméticamente, de donde esteganografia o escritura oculta.
Con el P. Martino Martini, S.J., que había sido misionero en China, estudió y aprendió el chino. Según Crasso, la redujo a números y la añadió a su proyecto de la Grammatica. Además como los símbolos chinos no responden a la lengua sino a las cosas, puso en práctica un método de lengua universal. Como durante su estancia en Viena había conocido a Marcos Marci, Rector de la Universidad de Praga, muy erudito en lenguas orientales, cultivó una buena amistad y con él estudió el árabe; como fruto de estos estudios escribió una Expugnatio Jslamismi, que no se publicó y no se sabe su contenido.
Existe la sospecha que el Papa Alejandro VII, propuso a Caramuel al sacro colegio como candidato a la púrpura cardenalicia, pero fue desestimada por ser un personaje tan controvertido.
Caramuel gozó de gran fama en vida, que después se eclipsó, como el cometa que descubrió Halley, del que se dice, apareció en día de su muerte. Es una ironía del destino que J. Caramuel escribiera en su Metamétrica un poema de 22 versos retrógrados, relativo al carácter calamitoso de los cometas, y que es una buena muestra de ingenio, pues leído de principio a fin dice que los cometas son funestos, pero leído del fin al principio anuncia exactamente lo contrario. De tal forma que se puede decir sin temor a errar que se puede decir de los cometas lo que se quisiere. Los 22 versos probablemente estan así determinados por las 22 letras del alfabeto hebreo, ordenamiento suscita el gusto que tenia por la cábala.
Sus libros se agotaban, algunos tuvieron muchas ediciones y eran buscados afanosamente En el discurso matemático que precede La arquitectura civil se afirma que: "Si Dios hubiera dejado perecer todas las ciencias en todas las academias del universo, bastaría Caramuel para hacerlas renacer.
Añado un artículo aparecido en la prensa italiana en ocasión de las obras de restauracion de la columnata del Vaticano.
Juan Caramuel es una figura poco conocida del público general.
¿De quién es, exactamente, la idea y la realización de la Columnata que rodea la Plaza en forma eliptica, iniciada en 1661 y terminada en l667?.Fué Alejandro VII, Fabio Chigi, de la famosa familia de banqueros y mecenas de Siena, trasladada a Roma en el siglo XVI quien encargó la realización de la Columnata, cuyas dos alas venían a ser como los brazos con los que San Pedro (la Basílica) abarca a toda la Cristiandad. Todos la llamamos «la Columnata de Bernini», pero la paternidad atribuida al gran artista del Barroco, que a la sazón tenía 70 años, está en tela de juicio desde la época misma en que se realizó la obra. Detrás de las facciones históricas pro-Bernini y anti-Bernini, asoma nada menos que la antigua querella entre el anticonformismo de los jansenistas y la ortodoxia de la curia romana. Es la tesis de Bruno Zevi, el mayor critico de arte italiano de hoy, sostiene en términos tan duros como su carácter en un ensayo de 1974 sobre la Plaza de San Pedro, titulado: «Esta no es una plaza sino una mentira». Zevi, en su escrito, atribuye la idea de la Columnata eliptica al teólogo español Juan Caramuel de Lobkowitz, nacido en Madrid en 1606 y muerto en Vigevano, cerca de Pavia, en 1682: hombre de cultura extraordinaria.
Un documento del 8 de septiembre de 1656 afirma que la realización del proyecto «se ha complicado porqre el dibujo no era de Bernini». Así de claro. En los ambientes del Vaticano circulaba, pues, otro proyecto que se relaciona con la misteriosa serie de gráficos que el historiador alemán Rudolf Wittkower (1906-1973) indica como una «crítica corrosiva» contra el esquema berniniano.
Cuando Alejandro VII hablaba de arquitectura se sabia que su fiel asesor era el monje cisterciense Juan Caramuel, que gozaba de su plena confianza. Caramuel publicó en 1673, en español, su obra «Arquitectura Civil», en la que ataca a Bernini afirmando que en la Columnata hay tantos errores como piedras, al cabo de más de tres siglos sigue la polémica.