Ir al índice Ir a Operas

Los maestros cantores


Reparto Sinopsis Historia Libreto español

 

Javblubr.gif (1437 bytes)

Reparto

Hans Sachs, Zapatero, Maestro cantor (Bajo)
Veit Pogner, orfebre, Maestro cantor (Bajo)
Kunz Vogelsang, peletero, Maestro cantor (Tenor)
Konrad Nachtigall, fontanero, Maestro cantor (Bajo)
Sixtus Beckmesser, escribiente, Maestro cantor (Bajo)
Fritz Kothner, panadero, Maestro cantor (Bajo)
Balthasar Zorn, estañero, Maestro cantor (Tenor)
Ulrich Eisslinger, comerciante en especias, Maestro cantor (Tenor)
Hermann Ortel, jabonero, Maestro cantor (Bajo)
Hans Schwarz, fabricante de calcetines, Maestro cantor (Bajo)
Hans Foltz, herrero, Maestro cantor (Bajo)
Walter Stolzing, un joven caballero de Franconia (Tenor)
David, aprendiz de Sachs (Tenor)
Eva, hija de Porner (soprano)
Magdalena, su doncella (Mezzosoprano)
Un sereno (Bajo)
Burgueses y mujeres, representantes de distintos oficios, aprendices, pueblo

Javblubr.gif (1437 bytes)

Sinopsis


PRELUDIO

Acto I
Escena primera

El telón se alza para dejar ver la congregación en la iglesia de Santa Catalina, cantando una coral. Cuando se acaba y la gente empieza a salir, Walther (que ha estado atrayendo la atención de Eva con feroces miradas) se acerca a ella y a su criada.

Les suplica que le dejan hablar con ella. Eva se deshace de Magdalena, haciéndola volver a recoger algo que se había dejado en su banco de la iglesia, pero aún así le resulta difícil admitir ante el joven caballero que todavía no está prometida en matrimonio, aunque si mano será el premio del concurso de canto que ha de celebrarse al día siguiente.
por el bien de Eva ("Für dich, Geliebte, sei´s getan")

"Fanget an" (Empezad), grita Beckmesser, lo que Walther tomar como señal para que de comienzo su canción, dedicada al efecto liberador que ejerce la Primavera sobre la naturaleza. Aunque por un momento la tiza del Puntuador anotando sus "errores" le desanima, Walther , se levanta de su silla y con mucha más pasión que antes le canta las alabanzas de la Primavera y el Amor.

Beckmesser, con su tabla completamente llena de los errores que ha encontrado, interrumpe para preguntarlñe a Walther si ya ha acabado, y maldice la mezcla de formas poéticas y melodías a la que han sido expuestos.

Solamente Sachs percibe la belleza que hay tras la atrevida novedad de la canción del caballero, y critica la falta de imparcialidad del Puntuador.

Entonces, empiezan a lanzarse indirectas e insultos, pero Sachs le insiste a Walther para que prosiga con su canción, para fastidiar al Puntuador. La opinión general es que el caballero ya "versungen und vertan" (gritado y acabado).

Sachs se siente profundamente emocionado por su coraje y feroz inspiración, y Pogner, por su parte, con mucho gusto lo admitiría como yerno.

Cuando el tumulto se ha calmado y los otros Maestros Cantores salen de la iglesia, Sachs se van con un gesto de descontento simulado.

Acto II
Escena primera

En la calle donde viven Sachs y Pogner, los aprendices están cerrando las tiendas, alegres por la fiesta que tendrá lugar al día siguiente, Lena tiene un cesto lleno de comida para David, pero cuando éste le explica el fracaso de Walther durante los ensayos, ella le quita la cesta de un tirón y vuelve a la casa de Pogner. Los muchachos empiezan a burlarse de él, y David se enfurece. Sólo la entrada de Sachs impide que se produzca una pelea. Entonces le dice a David que saque sus herramientas de trabajo a la calle.

Escena segunda

Pogner y Eva regresan de un paseo por la tarde, y consideran ir a hacer una visita a Sachs, pero al final deciden irse a casa. Es casi la hora de cenar, y Eva se pregunta si el caballero estará invitado. A Pogner se le ocurre que quizás su hija esté interesada en el joven. Entra en su casa antes que ella para así darle tiempo a que Lena le explique que esa tarde todo ha ido mal, pero decide intentar averiguar lo que ha ocurrido a través de Sachs, después de cenar.

Escena tercera

Sachs aparece ante la puerta de su taller, preparándose para acabar los zapatos nuevos de Beckmesser, y le dice a David que se vaya a dormir y procure despertarse de mejor humor al día siguiente.

Antes de ponerse a trabajar, el anciano zapatero empieza a musitar una canción sobre la belleza de las nuevas ramas del árbol que hay junto a su puerta. Entonces se da cuenta que se trata de la canción, que el joven extranjero ha cantado esa misma tarde, la cual no puede sacarse de la cabeza.

Escena cuarta

Eva viene para preguntarle a Sachs sobre la suerte de Walther durante la prueba. Primero se discuten a cerca de los zapatos nuevos que ella ha de estrenar al día siguiente durante su boda. Después, en una escena de gran ternura, ella pregunta quién será su marido: ¿acaso debe tratarse de un soltero y no de un viudo?, "Un viudo", dice Sachs refiriéndose a sí mismo, "es demasiado mayor para ella". Al ver el enfado que le causa el fracaso del joven caballero, se da cuenta del interés que tiene en él. Eva, a la que Lena ya ha llamado dos veces, entra en casa, dejando a Sachs haciendo planes.

Sólo entonces Lena le explica los planes que Beckmesser tiene de cantarle serenatas esa noche. Cuando
Lena se distrae ante la entrada del aprendiz de Sachs, David, de quien está enamorada. Lena le dice a Walther que debería esperar la llegada del padre de Eva, Pogner (el contacto de Walther en Nuremberg) y que mientras espera, David le explicará las reglas de los Maestros Cantores (ya que sólo un Maestro puede aspirar a ganar la mano de Eva en el concurso).

Escena segunda

Los muchachos preparan la iglesia para el concurso y se burlan de David, herido de amor, cuando éste de repente se da cuenta de que Walther desconoce por completo el complejo arte de los Maestros, y señala la ausencia de Lena quien le ha encargado la imposible labor de preparar a Walther para su inmediata admisión al gremio. La Maestría no puede adquirirse en un solo día, o, como el mismo dice, en un solo año. Incluso con un maestro como el suyo, el mismísimo Hans Sachs, aún no ha logrado ascender de la categoría de "Cantor", la más baja.

David empieza a cantar las melodías con nombres curiosos, y le explica cuán lento es el proceso de pasar de "Cantor" a "Poeta" para poder así aspirar a convertirse en "Maestro". El requisito previo para tan elevado estado, David le explica, es haber compuesto una nueva melodía para un poema original escrito por el aspirante. Mientras Walther decide intentarlo, David se vuelve a los aprendices quienes sin sus supervisión han preparado el lugar como si se tratara de un concierto de escuela y no del "Concurso" menos formal que ha de llevarse a cabo.

Cuando los aprendices empiezan a reírse de él otra vez, David enfadado, se vuelve al joven extranjero que aspira a convertirse en seguida en Maestro. "Ten cuidado con el Puntuador y su lista de errores, y no cuentes con ganar la guirnalda de flores sedosas", le dice a Walther, mientras se ultiman las preparaciones y los Maestros empiezan a llegar.

Escena Tercera

Pogner, no de mucha gana, acepta apoyar la candidatura de Beckmesser como pretendiente de Eva. Entonces Walther se adelanta para explicarle a Pogner su deseo de ser admitido en el gremio de los Maestros Cantores, y el orfebre presenta al joven caballero a sus colegas (para vergüenza del sospechoso Beckmesser). El último Maestro en llegar es Hans Sachs.

Este saluda a los reunidos, y Kothner, el maestro de ceremonias, llama a los participantes (Wagner con mucha habilidad evita la repetición haciendo que un aprendiz tome el lugar de uno de los Maestros ausente por enfermedad).

Pogner reclama la atención de los presentes. Tiene ganas de que lleguen las fiestas del día siguiente, y ("In deutschen landen viel gereist": durante muchos viajes por tierras alemanas) explica a los asistentes su intención de ofrecer un precioso premio como evidencia de su determinación de que la burguesía alemana reciba el honor que se merece: junto con sus riquezas y bienes ofrece al ganador del concurso, su única hija, Eva.

La alegría dura poco cuando Pogner les explica la condición de que Eva tendrá el derecho a rechazarlo, pero que si rechaza al Maestro ganador del concurso, permanecerá soltera para siempre. Sachs añade que, incluso si los Maestros Cantonres creen que es peligroso dejar que Eva tenga la última palabra, el día de San Juan el pueblo podrá expresar su opinión, que seguro será igual a la que tome la muchacha. Aunque varios de los Maestros expresan su temor de que ello supondrá un decline de su propia clase si se permite al pueblo dar su opinión sobre su arte, Pogner pone punto final a la discusión haciéndoles volver al asunto del día y presentándoles a Walther, que aspira a ser admitido.

A pesar de las dudas de Beckmesser, suscitadas por el miedo y los celos, el resto de los Maestros acceden a la petición de Pogner, acordando que Walther von Stolzing debería ser escuchado. Entonces Kothner le pregunta formalmente de que Maestro es discípulo. Walther nombra al gran Trovador alemán medieval Walther von der Vogelweide para explicar el origen de su métrica y lírica, y al bosque en primavera como la escuela donde aprendió a cantar. No sin reservas, los Maestros le permiten que el concurso continúe.

Kothner le ruega a Beckmesser que tome su lugar en la caja del Puntuador. Con fingida desgana, se oculta tras el telón para prepararse a desenmascarar a su rival por si acaso Walther superara los siete errores que le están permitidos. Kothner lee las reglas que hay escritas en la tabla de los Maestros, las "Leges Tabulaturae", y entonces le ruega a Walther que ocupe su silla, a lo que éste accede, con desgana, Eva le dice que ella tomará su puesto en la ventana, Lena acepta encantada: ello pondrá celoso a David.

Escena quinta

Lena acaba de obligar a Eva a entrar en casa, cuando Walther aparece en la calle, y al verlo, ella sale corriendo hacia él. A pesar de los ánimos que Eva le da, él cree que no tiene ninguna esperanza ("Ein Meistersinger muss es sein,/nur wen ihr krönt, den darf sie frein": Ha de ser un Maestro Cantor, sólo aquel al que tú pongas la corona de vencedor, puede hacerle a ella la corte). Walther en un ataque de furia, se burla de los Maestros ("Ha, diese Meister…") pero le interrumpe el sonido del cuerno del Sereno, que se deja oir tras el escenario.

Eva intenta calmarlo, y cuando Lena la llama, Walther se esconde tras el tilo que hay junto a la casa de Pogner. Aparece el Sereno que canta las 10 de la noche antes de continuar su ronda.

Sachs abre un poco la puerta de su taller y se prepara para impedir que la joven pareja, tal y como están planeando, se escapen para casarse. Eva vuelve a salir, vestida con las ropas de Lena, y Walther accede a huir con ella. Pero entonces Sachs ilumina la calle con la luz de su lámpara, y cuando Eva exclama que Sachs, después de todo, no es amigo suyo, Walther asegura con rabia que él le hará apagar la luz.

Escena sexta

Eva le disuade de la idea y justo entonces el sonido de un laúd, les revela que Beckmesser ha llegado para empezar su serenata. Eva y Walther no pueden hacer nada más que esconderse tras el tilo hasta que la calle se despeje de gente.

El plan de Sachs es ingenioso pero simple: canta una ronca canción de zapatero que le acompaña mientras acaba los zapatos y que habla de la tardanza de la que Beckmesser se había quejado en la iglesia, interrumpiendo así la serenata y, al mismo tiempo, advirtiendo a Eva sobre el peligroso camino que ha escogido.

Beckmesser, al ver abierta la ventana de Eva, pide tranquilidad desesperadamente para poder cantarle serenatas, y no de mucha gana, acepta que Sachs le marque los errores que cometa con los golpes de martillo, mientras acaba los zapatos.

Beckmesser pronto pierde la compostura al ver que Sachs le marca todos las faltas que comete contra las reglas de los Maestros; los zapatos se acaban antes de la serenata, y entonces Sachs le repite la severa pregunta que el Puntuador le había hecho a Walther aquella misma tarde: "Seid Ihr nun fertig?" ("¿Aún no has acabado?").

Blandiendo los zapatos recién acabados, Sachs se ríe de manera triunfal, mientras Beckmesser intenta en vano ahogar la risa de Sachs cantando su serenata más ronca y desesperada. David mira por la ventana, y reconoce a Lena como la dama a la que van dirigidas las canciones. Entonces coge una correa y sale a azotar a su oponente. Uno a uno los vecinos y los Maestros van asomándose por las ventanas o llegando a la escena, atraídos por la pelea callejera en la que pronto se ven envueltos, aunque algunos de los Maestros y ciudadanos más ancianos intentan imponer el orden. Walther desenvaina su espada para poder abrir camino a Eva entre la multitud, pero Sachs, que los ha estado observando, agarra a Walther por el brazo, coge a Eva y se la lleva corriendo, medio inconsciente, a casa de Pogner, antes de empujar a David dentro del taller y Walther tras él. Los cubos de agua que empiezan a caer por las ventanas y el sonido del cuerno del Sereno que se aproxima, disuelven al instante la multitud. El Sereno no puede creerse lo que ve cuando aparece por la esquina y se encuentra la calle desierta. La luna llena se alza por encima de los tejados mientras el Sereno canta las 11.

PRELUDIO

Acto III
Escena primera

Es una mañana soleada de verano y Sachs está en su taller leyendo, sumido en sus pensamientos. David entra con el cesto de comida que la había dado Lena, e intenta explicarle a su maestro, que permanece en silencio, lo ocurrido la noche anterior. Al final, el buen humor de Sachs logra calmarlo, aunque cuando le pide que cante la canción que está practicando, sin darse cuenta empieza a cantar la serenata de Beckmesser.

David vuelve a calmarse y canta su canción. Entonces se da cuenta de la relación que hay entre ésta (que trata sobre el bautizo de una mujer en Nuremberg) y el Día de San Juan, y decide darle a su maestro la cesta como regalo del día de su santo (Hans=Johannes=Juan). Sachs se siente conmovido, pero le pide a David que se quede con la cesta y se vaya a preparar para las celebraciones.

Sachs vuelve a sumergirse en sus pensamientos. ¿quién podría provocar un arrebato de locura colectiva ("Wahn"), como el de la noche anterior que llegó a afectar incluso a su amada Nuremberg?. A pesar de sus esfuerzos de encontrar un culpable, el debe declararse culpable de lo ocurrido, Y sin embargo, quizás la culpa la tiene un duende, una luciérnaga, el aroma de sauco, la Verbena de San Juan ("Der Flieder war´s: - Johannisnacht…"); pero ahora el día de San Juan ya ha despuntado ("…Nur aber Kam Johannistag!"), y la música modula y sube de tono con más magia que en otro momento de la ópera. Sachs decide que un toque de su locura ayudará a que haya un final feliz.

Escena segunda

Walther entra, fresco después de haber dormido poco, y le dice a Sachs que ha tenido un sueño maravilloso. El zapatero le dice que eso es un buen presagio del éxito que tendrá en la competición, y le pide que se olvide de su enfado con los Maestros y sus reglas, y que se concentre en cantar la Canción Maestra con la que ha soñado.

Sachs explica que en la Primavera de la vida es fácil escribir canciones hermosas, pero que después uno necesita seguir la disciplina de las reglas artísticas, Walther ve las cosas de una manera más sencilla, pero cuando el viejo poeta le dice que anotará su canción mientras la canta, Walther acepta con gusto, y decide cantar siguiendo su propia inspiración. Walther empieza a cantar la canción que ha soñado esa mañana ("Morgendlich leuchtend…") mientras Sachs la escribe y le anima, ayudándole a entender la importancia de la forma y la estructura.

La segunda parte de la canción ("Abendlich glühend in himmlischer Pracht") alaba la belleza del amor al anochecer. Profundamente conmovido, Sachs le pide un tercer y final verso, pero Walther, perdiendo la paciencia, para de cantar, y el anciano decide esperar a que llegue el momento oportuno. El y Walther se van a prepararse para las fiestas.

Escena tercera

Beckmesser entra en escena cojeando debido a la pelea, y durante una larga pieza orquestal, revive algunos de los desagradables acontecimientos del día anterior.

De repente, ve la canción que Sachs ha copiado, y en seguida se teme lo peor: que Sachs tiene intención de competir contra él en la competición por la mano de Eva.

El zapatero vuelve y Beckmesser le riñe por su engaño. Para su asombro, Sachs le regala la canción con lo cual lo atrapa con las manos en la masa. A pesar de que Sachs le advierte que se trata de una canción difícil, Beckmesser le asegura que él la cantará excelentemente, y después de hacer a Sachs asegurar que no intentará competir y que no aclamará la autoría de la canción, sale corriendo para aprendérsela, lleno de las alabanzas hacia Sachs.

Escena cuarta

Sachs ve a Eva cruzando la calle en dirección a su casa. Ella se queja de que le aprietan los zapatos nuevos, pero ello no es más que una metáfora. Walther lleno de esplendor, aparece por la puerta, y la visión de Eva vestida con su traje de novia le inspira a cantar el tercer verso de la canción que ha soñado, mientras Sachs se pone a trabajar en el zapato de Eva. Consciente de la generosa naturaleza del zapatero y llena de alegría por el amor que siente por Walther, rompe a llorar y se abraza a Sachs. El se separa de ella para que pueda llorar en el hombro de Walther.

Sachs se desahoga declarando sus más profundos sentimientos hacia la muchacha, pero medio escondiéndolos bajo una autocompasión irónica.

Ella lo atrae de nuevo hacia si ("O Sachs, mein Freund! Du teurer Mann": Oh Sachs mi amigo, tú querido) diciéndole todo lo que le debe a él y que, si no fuera por esa nueva e irresistible fuerza que la empuja, con mucho gusto se habría casado con él. El le cuenta que conoce la triste historia de Tristán e Isolda ("Mein Kind: von Tristan und Isolde kenn´ich ein traaurig stück" - el verdadero Sachs de hecho escribió una obra sobre esta historia), y que se alegra de haber encontrado el hombre apropiado para ella. Al ver que Lena se acerca, llama a David, y para asombro de los presentes ordena que se preparen para un bautizo.

Les cuenta que un día como hoy, un niño nació aquí, una melodía maestra que se merece un buen nombre. El padre de esa melodía - Walther- ha pedido a Sachs y Eva que sean los padrinos, y a Lena y David, los testigos. Pero antes de todo - ya que un aprendiz no puede ejercer de testigo - le entrega a David, que permanece de rodillas, el galón que le convierte en oficial. Después, bautiza la melodía.

Se llamará "Melodía del Sueño Matutino". Eva habla entonces: empieza el Quinteto ("Selig, wie die Sonne…") donde cada uno de ellos cantará una estrofa en la que expresarán sus más profundos pensamientos y esperanzas en esta ocasión tan solemne.

Sachs le dice que ya deben irse hacia la pradera. Un animado interludio orquestal cubre la transformación del escenario en la pradera a las afueras de la ciudad donde ha de celebrarse el festival, y donde el pueblo ya está haciendo jarana.

Escena quinta

Precedidos por los músicos de la ciudad, los diferentes gremios van entrando uno a uno (zapateros, sastres, pasteleros) cantando sus propias alabanzas y siendo recibidos con entusiasmo. Los aprendices quedan entusiasmados cuando una barca llena de muchachas llega desde Fürth.

David riñe a los muchachos por empezar a bailar, pero entonces se uno a ellos en la danza hasta que le hacen creer que Lena le está mirando. Después, anuncian la entrada de los Maestros Cantores que entran en solemne procesión y toman sus asientos alrededor del estrado con Eva sentada en el centro.

Los Aprendices piden silencio.

Sachs es aclamado por el público que lo recibe con su canción sobre Lutero y la Reforma.

El júbilo de este tributo le hace empezar su canción con miedo, pero poco a poco va ganado confianza, alabando la generosidad de Pogner y el alegre espíritu del público.

Mientras tanto, Beckmesser todavía está intentando aprender y comprender el poema que Sachs le ha regalado. Sachs finaliza su canción y deja que empiece la competición. Kothner llama al concursante senior Beckmesser para que cante en primer lugar.

Una vez ha tomado su lugar en la tarima y el público ha hecho comentarios sobre su inutilidad como pretendiente, los aprendices piden silencio, y Kothner le pide que "Empiece".

El Concejal lucha desesperadamente con la canción, pero cuando más lo intenta, más se expone al ridículo ante el público y los Maestros.

Entonces se gira hacia Sachs, echándole la culpa de tal desastre, pero el poeta-zapatero asegura al público que él no ha escrito la canción: que el verdadero autor se deje ver, y de la razón a Sachs quien asegura que la canción, cantada como es debido, es absolutamente preciosa.

Walther toma su puesto y canta la Canción Ganadora ante la creciente admiración y el entusiasmo del público y de los Maestros: En su canción se atreve a exteriorizar y desarrollar la visión que había tenido del paraíso, con Eva en el Eden.

Alabando a Walther como vencedor ("Keiner wie du so hold zu werben weiss! - Nadie puede cortejar a una mujer como tú") Eva le coloca la guirnalda de hojas de laurel y mirto antes de que ambos se arrodillen para recibir la bendición de Pogner. Sin embargo, Walther rechaza ser admitido en el Gremio de los Maestros Cantores.

Sachs le pide al joven que respete a los Maestros, portadores de todo lo mejor de la vida y arte alemanes; todos los presentes se unen a él cantando sus últimas palabras, y la ópera se acaba con la alegre alabanza de "El querido Sachs de Nuremberg".

Javblubr.gif (1437 bytes)


Historia


En 1.845 fue cuando Wagner demostró por primera vez un interés en el Gremio del s. XVI de los Maestros Cantores de Nuremberg como tema de una ópera. Acababa de terminar "Tannhäuser", y el esfuerzo que ello le supuso le obligó a retirarse a Marienbad, en Bohemia, donde según el consejo del médico, había de tomar las aguas curativas pero no trabajar. Debía recuperar las energías antes del debut de la ópera en Dresden el 19 de Octubre. El médico podría haberse ahorrado el consejo, ya que la inquieta y creativa naturaleza de Wagner le forzaba para su propio bienestar, a escribir: música, libretos, panfletos políticos y raciales, tratados teóricos, ensayos especulativos, relatos cortos…, cualquier cosa. El compositor, que siempre había estado deslumbrado por el tono moral y la seria ideología cultural del drama griego clásico, pensó que resultaría divertido componer otra obra que contara la historia de una competición de canto, pero en vez de ser seria como Tannhäuser, sería cómica (Los Maestros Cantores), de la misma manera que los griegos componían tras sus tragedias obras sátiras de desenfrenadas obscenidades. Wagner obtuvo la mayor parte de la información necesaria de la "Historia de la Literatura Alemana" de Gervinius y de una obra de Johann Ludwig Ferdinand Deinhardstein, que ya había sido la base de la ópera ligera "Hans Sachs" de Albert Lortzing, escrita en 1.840. En esta obra, un joven Sachs agresivo e irritable está enamorado de Kunigunde (el nombre de la primera esposa del poeta historiador). Ella es la hija de un orfebre el cual considera que un zapatero (remendón) no está a la altura de su hija, y que prefiere como posible yerno al pomposo concejal Augsburg. Constantemente reñido con los otros Maestros que le acusan de tomarse libertades poéticas que van en contra de las reglas, Sachs, al final, le da la espalda a su amada Nuremberg. Sin embargo, hace amistad con el Emperador Maximilian, que va disfrazado, y finalmente logra casarse con Kunigunde, gracias a esta nueva "conexión".

El 16 de Julio de 1.845, Wagner acabó su primer borrador detallado del argumento de los Maestros Cantores: doce páginas en las que sólo Sachs, David y Magdalena, tienen los mismos nombres de hoy día. A Eva primero se la conocía como "la hija"; Walther como el "joven", y Beckmesser sencillamente como el "Puntuador". Ahora sabemos que la composición de Lohengrin, tuvo preferencia y que a ésta, siguieron cinco improductivos años, durante los que Wagner apenas escribió una nota, con excepción de "Album Leaf", o dos composiciones para piano y unas revisiones de "El Holandés Errante". Su involucración activa en la rebelión de Dresden de 1.848, le obligó a abandonar Alemania, ya que se había puesto precio a su cabeza. Wagner, años después negó todo esto en su autobiografía (tan sólo un ejemplo de su tendencia a transgiversar la verdad para su propio beneficio del momento, y además creérsela). Cuando finalmente volvió de nuevo su atención a la ópera, fue para completar el ciclo del Anillo hasta el Acto II de Siegfried, y para finalizar "Tristán e Isolda, en un (para él) asombroso corto período de cinco años. Todo esto lo compuso durante su exilio en Suiza e Italia.

Dieciséis años después del primer borrador en prosa de los Maestros Cantores, Wagner retomó esta "sencilla y pequeña comedia operística sin reglas complicadas", tal como él la había imaginado al principio. Esto tuvo lugar durante una serie de frustrantes ensayos, en Viena de una producción de "Tristán e Isolda", que finalmente fue abandonada por imposible de poner en escena. Incluso entonces, esto no era más que una especia de distracción ante los problemas que le acosaban en la capital austríaca. Debido a que el crítico musical vienés Eduard Hanslick (partidario entusiasta de Wagner hasta "Tannhäuser) parecía haberle dado la espalda y se dedicaba a defender la música de Brahms en perjuicio de Wagner, éste consideró llamar al Puntuador de los Maestros Cantores "Veit Hanslich" en el segundo borrador. Este presentó a "la hija" y al "el joven" como Emma y Konrad, y sencillamente se negó a utilizar los nombres por los que hoy les conocemos.

Todo esto ocurría en 1.861 y Wagner (tal como debe hacer cualquier artista sensible), había aprendido mucho sobre la vida en los años transcurridos. Las motivaciones religiosas y políticas presentes en el primer borrador (Sachs había aconsejado a Walther que volviera a su castillo, estudiara los escritos de Lutero y defendiera estos nuevos conocimientos con la espada), ya no aparecían en el segundo, y en su lugar aparecían nuevas y ricas motivaciones. Fuentes desconocidas para Wagner en 1.845 (el estudio de Jakob Grimm sobre "Antiguos Maestros del Canto Alemanes" y la "Crónica de Nuremberg" de Wagenseil), le habían proporcionado detalles diferentes y fascinantes. La mezcla de esta nueva información con la que ya poseía anteriormente empezó a convertirse en el sutil argumento del escenario de los Maestros Cantores tal y como lo conocemos hoy.

Beckmesser era además una figura histórica, aunque no haya ningún documento que justifique que Wagner lo convirtiera en Secretario del Ayuntamiento o que le diera la odiosa, pero divertida, personalidad que le caracteriza en la ópera. Kothner, Zorn, Eisslinger, Foltz, Volgelgesang, Ortel y Nachtigall eran también personajes reales, y algunas de las melodías maestras que compusieran han sobrevivido. Wagner los bautiza a casi todos con otro nombre, y también les da otras ocupaciones. Unas cuantas melodías de Beckmesser que han sobrevivido muestran que realmente no fue peor compositor de melodías que sus compañeros Maestros, aunque éstos carecen de los peculiares juegos de palabras de Foltz y Nachtigall.

El verdadero de Pogner era Bogler; y también estaba Hans Sachs, el cual no sólo componía mientras remendaba sus zapatos, sino que además desde 1.518 en adelante compuso un número extraordinario de tragedias, comedias y más de 200 obras de carnaval cortas, populares y crudamente divertidas. El compuso "La Reina asesina Clitemnestra" mucho antes de que Richard Strauss se hiciera con el tema, e incluso se adelantó al mismo Wagner al escribir su "Hörnen Sewfriedt" (El cornudo Siegfried, refiriéndose a la piel impenetrable del héroe y no al hecho de que fuera cornudo debido a Gunther). El histórico Sachs siempre acababa la escena con una moraleja en el último pareado (incluso si tenía que forzar el ritmo un toco tal y como Beckmesser le recuerda en el Acto I de la ópera) dirigida a convertirse en popular. En una de sus "comedias", el Señor visita la humilde casa de Adán y Eva (en la ópera Sachs mezcla las identidades de Eva y de la bíblica Eva, ya que en alemán los nombre son iguales) y examina a sus hijos de catecismo luterano. Sachs fue uno de los primeros poetas alemanes que consideró dar su apoyo a Martin Lutero, y el verdadero poema de Sachs que celebra el nacimiento de la reforma fue utilizado por Wagner para dar la entrada a Sachs en el Acto II, Escena II de la ópera.

Wagner remodeló de una manera muy inteligente todos estos elementos para crear figuras creíbles, que se adherieron a la verdad teatral, aunque cambió un poco los hechos históricos. Esto puede observarse en la manera que utiliza una forma de compases más sofisticada (AAB) para las canciones de los adinerados (aunque empobrecidos temporalmente) Walther y los Maestros Cantores, y en cambio confina a Sachs a canciones de estrofas, a una forma en verso más allegada al populacho, al que el verdadero Sachs siempre intentó divertir y educar.

El "Tabulator" de los Maestros que Kothner lee a Walther antes de su canción-prueba en Acto I, las reglas poéticas que lo rigen y los nombres de los Modos de los Maestros que David recita al asombrado joven caballero son todos históricamente exactos. Incluyen a Frog, Calves, Snail, English-Pewter, Solitary-Glutton, Short-love y (los deliciosos) Modos de los True-Pelican. El "Blissful-Morning-Dream-Interpretation-Mode" (tal como Sachs bautiza la Canción Ganadora de Walther), fue por supuesto invención de Wagner, y realmente va en contra de las regulaciones musicales y rítmicas que Beckmesser tan malévolamente "marca" durante la canción-prueba de Walther en el Acto I, sólo para poder hacer que después Sachs, en el Acto II le devuelva la pelota. Las ruinas de la iglesia de Santa Catalina en Nuremberg, donde Wagner situó el Acto I de la ópera, todavía pueden verse, aunque los Maestros Cantores no empezaron a utilizarla como punto de encuentro hasta e 1.620. Aunque el verdadero Sachs y sus contemporáneos se reunían en la pequeña iglesia de Santa Marta (todavía hoy intacta), el instinto teatral de Wagner probablemente le dijo que Santa Catalina sería un escenario mejor que le pequeña capilla o la hermosa iglesia de San Sebaldo, en cuyo interior gótico y sencillo había situado la escena en el primer y segundo borrador.

El tercer borrador se convirtió en un completa composición de todo el proyecto de los Maestros Cantores ya que el editor de Wagner, Schott, estaba tan entusiasmado con la idea que le compró los derechos de publicación por 10.000 francos, y Wagner se comprometió a acabar la partitura al cabo del año, en Octubre de 1.862. El compositor olvidó todas las frustraciones causadas en Viena y se escondió en París donde el Príncipe Metternich le había ofrecido alojamiento en la Embajada Austríaca para que trabajara en el libreto. Cuando llegó el 14 de Diciembre de 1.861, Wagner se encontró con que los Metternichs no podían cumplir lo prometido; se alojó en un sucio hostal en el Quai Voltaire, y acabó el texto el 25 de Enero de 1.862: siete semanas de intenso trabajo para producir uno de los grandes libretos de todos los tiempos, tan lleno de tanta astucia dramaturga que cada lectura revela nuevos detalles inesperados.

Y ello no quiere decir que el libreto esté libre de pequeñas discrepancias: ningún trabajo que tuviera tantas versiones diferentes en un período de tiempo tan largo, se vería libre de ellas. En el primer borrador Walther había llegado a Nuremberg desde sus empobrecidos estados Francos (el pequeñísimo castillo den Gösweinstein con la magnífica iglesia para peregrinos de Balthasar Neumann era lo que Wagner probablemente tenía en mente) con la sola intención de aprender más de las artes de los Maestros. Pero todo esto habría hecho que la encantadora descripción que David hace de los modos y reglas de los Maestros resultaran superfluos. Por esta razón, en el segundo borrador, el joven caballero (Konrad) llega a la ciudad a ver a Bogler (Pogner) para un asunto de negocios. Allí conoce y se enamora a primera vista de la hija de Bogler, Emma (Eva), y Katherine (Magdalena) le explica que Emma será la esposa del Maestro que gane el concurso de canto que se celebrará al día siguiente. Wagner elimina con habilidad los motivos conflictivos de estas dos versiones haciendo que Walther le cuente a Pogner (en el libreto) que había venido a Nuremberg "por razones sencillamente artísticas", pero que se había "olvidado" explicar al orfebre su verdadera razón cuando el día anterior le estuvo buscando. La verdad es que parece una excusa muy infantil, pero no es así, ya que prácticamente cualquier motivo es bueno para racionalizar algo tan irracional como el amor a primera vista.

Otro problema que Wagner tuvo ante este intrincado argumento (si hemos de juzgar por las diferentes versiones a las que sometió la historia de los Maestros Cantores), fue cómo hacer que Beckmesser robara a Walther la letra de la Canción del Concurso sin que Sachs resultara culpable de decir una mentira por muy pequeña que ésta fuera. En el primer borrador vemos a un Walther "enamorado de las artes", enseñarle a Sachs cosas que ha escrito. Mientras Sachs las lee, la orquesta toca suavemente las melodía ganadora del concurso. En el segundo borrador Sachs se había dado cuenta de que Walther había tenido la luz encendida toda la noche después de la pelea callejera, y el caballero le enseña al zapatero el poema que ha estado escribiendo toda la noche. Sin embargo, ninguna de estas dos soluciones habrían funcionado, ya que Beckmesser se habría dado cuenta de que la letra no era la de Sachs, y además no se habría molestado en robarle un poema a alguien a quién tan sólo el día anterior había declarado incapaz de llegar a ser un Maestro. Pero, haciendo que Walther (en el libreto) narre su sueño en forma poética, Wagner se sirve de varios trucos dramáticos a un mismo tiempo. Sachs lo copia y así Beckmesser puede reconocer la letra, enfadarse con Sachs por haber, supuestamente, escondido su "evidente" candidatura para conseguir a Eva y darle una confianza cómica y trágica en si mismo ahora que cree que tiene una canción de calidad superior para que la cante el más grande de los poetas de Nuremberg. El zapatero, por su parte, no ha de explicarle nunca a Beckmesser más de lo que el Puntuador supone saber, y le entrega el papel donde está escrito el poema, prometiéndole (después de que el Puntuador le insista) que jamás dirá que el poema es suyo. De esta manera todo queda preparado para atrapar a Beckmesser en la escena final, aunque él mismo se busque su propia caída u el personaje de Sachs resulte bueno hasta el final. Walther primero le canta a Sachs la Canción Ganadora mientras que el anciano poeta le enseña la estructura de la Forma de Compases (dos versos iguales de largos - Stollen - seguidos de un "Abgesang", un verso más largo: tan largo como los dos "Stollen" juntos; y las proporciones de los tiempos musicales en una ópera). El segundo compás está inspirado en la presencia inquisitiva de Eva en el taller del zapatero. Esto no sólo sirve para dar una pequeña muestra del proceso creativo, sino también como una importante introducción y repetición de la gran melodía de la ópera (como la exposición de una sinfonía) para que así la audiencia pueda apreciarla aún más cuando Walther después desarrolla la misma melodía durante el concurso de canto. Aquí el viejo mago de Bayreuth lleva a cabo otro truco dramático-musical ya que sin él una tercera repetición exacta de la canción de Walther le habría hecho perder a éste la competición, y a Wagner el interés de la audiencia. Sachs ya le ha entregado a Kothner el texto robado de Beckmesser no sólo para demostrar que el poema no es tan malo como parecía durante la recitación del puntuador, sino también para que lo pueda leer mientras Walther canta. La canción del joven caballero es tan hermosa que el extasiado Kothner pronto deja caer el manuscrito al suelo, dejando que Walther (y Wagner) pueda seguir libremente la melodía, algo que Wagner no se había permitido hasta ahora. Esto podría ser un comentario autobiográfico sobre cómo la nueva música (la de Wagner, por supuesto) saldría vencedora algún día, aunque ellos supusiera ignorar todas las reglas tradicionales de los Maestros.

El Acto II, no obstante, es el trozo del argumento más extraordinario de toda la obra de Wagner, y que de una manera milagrosa sobrepone capas de ironía dramática (la audiencia conoce hechos que los personajes desconocen) con tal virtuosidad que todo parece formar un único conjunto. La escena entre Sachs y Eva en el Acto II es un buen ejemplo: Sachs fuerza a Eva a mostrar lo que siente por Walther sin demostrarle en ningún momento que está de su parte. La audiencia sabe perfectamente que Eva no puede saber que en el Acto I Sachs ha defendido a Walther delante de los otros Maestros, y que está deliberadamente poniéndole una trampa para descubrir cuán profundos son sus sentimientos hacia el joven caballero. En ninguno de los borradores anteriores hay rasgos de esta escena, y su presencia en la ópera nos demuestra que la intuición dramática de Wagner le advirtió de repente, cuando estaba trabajando en el libreto, de la necesidad de esta conversión característica.

La pelea callejera que cierra el Acto era una experiencia autobiográfica del año 1.835, en el que el compositor enciernes había dejado su puesto de Director de Coro en Würzburg y se había unido como Director Musical a la Compañía de Teatro Bethmann en Bad Lauchstädt (donde todavía se halla el teatro de Goethe) con la que viajó a Magdeburg para estar con una de sus mejores actrices, Minna Planer (su futura esposa). La cantinela del Sereno que de repente pone fin a la pelea de la calle es una canción del siglo XVI, retocada por Wagner, y acaba tan bien una escena tan llena de naturalidad espontánea que de pronto nos damos cuenta de qué manera tan brillante está compuesta.

La escena involucra a siete personas en una trama de malentendidos complejos que rivalizan con la farsa francesa. En dicha escena, Eva se cambia la ropa con Magdalena para poder escaparse con Walther mientras Beckmesser le canta la serenata a la persona equivocada. Sachs impide la escapada y la serenata: la primera iluminando la calle con todas las luces de su tienda, y la segunda cantando en la calle, su canción de zapatero (con alusiones a Eva) mientras puntúa al "Puntuador". Desde su escondite Walther y Eva observan con curiosidad lo que ocurre, pero, mientras Walther no sabe lo que todo ello significa, Eva tiene la vaga sospecha de que Sachs está haciendo lo que hace por el bien de ella. A la indefinible tristeza de Eva se le da una motivación musical mediante la forma tan remarcable que Wagner utiliza para entrelazar la canción de renuncia de Sachs (la melodía de cello que domina del Preludio al Acto III) con los últimos versos de la canción de trabajo de Sachs en las últimas palabras "Oh Eva" ¡Hör mein´ Klageruf! (Oh Eva, escucha mi lamentación), un detalle que a menudo se pierde en las representaciones.

David es el sexto personaje involucrado en la historia. El hecho de que reconoce a la Magdalena disfrazada y que supone que Beckmesser (al que no reconoce) le está cantando serenatas para robársela, provoca la confusión final, la que dispara la pelea en las calles de Nuremberg una media hora antes de la media noche del 23 de Junio de 1560, el único año en el que el histórico Sachs estuvo viudo.

Pogner, la séptima persona que interviene en todas las confusiones, pone el toque final sacando a Magdalena de la ventana al creer que es Eva, y a Eva de la calle al creer que es Magdalena. Sólo Sachs (y la audiencia) sabe en todo momento quién es quién y qué ocurre exactamente, aunque la trama de tanta confusión se le escapa de las manos cuando se produce la pelea, espera el momento oportuno hasta que el sonido del cuerno del Sereno hace salir corriendo a todo el mundo, y entonces vuelve a atar cabos y entrega a la disfrazada Eva a Pogner y fuerza a David y Walther a ir a su casa (a la de Sachs).

Para poder trabajar en la música en serio, Wagner se fue a Alemania el 1 de Febrero de 1.862, donde se estableció en la pquena ciudad de Biebrich a orillas del Rin desde donde se veían las torres y torreones de "Golden Mainz" que no se parecían a los de Nuremberg. Siguiendo un cambio de procedimientos compuso la obertura antes de escribir una sola palabra del nuevo libreto (con excepción de la Coral "Lutther" de Sachs del Acto III), aunque podemos estar seguros de que la mayor parte de la música de los Actos I y III ya habían tomado forma en su mente, mientras trabajaba en el texto. Esta suposición se basa en el hecho de que la Obertura se repite por partes, pero una manera casi exacta a la original, para reforzar el texto del clímax de la escena final de la ópera, y en cambio no contiene ni un solo fragmento de la música del Acto II. Así, la Obertura de Los Maestros Cantores, tuvo su estreno mundial en Leipzig el 31 de Octubre de 1.862, en un Gewandhaus casi vacío de público, y cinco años antes de que la opera pudiera acabarse.

Esos cinco años resultaron decisivos para Wagner. Por segunda vez se intentó representar en Viene "Tristán e Isolda", pero después de 72 ensayos se dio por imposible de tocar. Schott se negó a adelantar más dinero ya que la nueva ópera no se había acabado cuando Wagner le había prometido. Wagner se vio forzado, para ganarse la vida, a dirigir conciertos en Praga, St. Petersburgo, Moscú, Budapest, Viene, Karlsuhe, Lävenberg y Breslan hasta que las presiones de sus acreedores le hicieron abandonar el país.

Fue en Stuttgart donde a Wagner le llegó la noticia de que el Rey Ludwig II (de 19 años) de Baviera tenía intención de nombrarle compositor de la Corte. Sus deudas serían pagadas; él mismo fundaría y dirigiría una nueva escuela de música en Munich y se construiría un nuevo teatro para festivales donde se representarían sus óperas. Aunque más tarde las intrigas políticas le obligaron a abandonar el país e irse a Suiza, finalmente se vio libre de sus problemas financieros, y poco después, además, se unió a la mujer que le ayudó espiritualmente a acabar la obra de su vida, Cosima von Bülow (la hija de Liszt) abandonó a su marido, el discípulo de Wagner, Hans von Bülow (sobre cuya primera representación como director de los Maestros Cantores el 21 de Junio de 1.868, Wagner dijo que había sido "una gran fiesta, que nunca más volvería a repetirse) para estar con Wagner en Lucerne. Allí, en Hans Triebschen, una casa de tres pisos rodeada de álamos junto al lago Lucerna y las murallas de la ciudad medieval (y que ahora es uno de los numerosos museos de Wagner) se escribió la última nota de los Maestros Cantores, el 24 de Octubre de 1.867, 22 años, 3 meses y 8 días después de que se escribieran los primeros apuntes del proyecto en Marienbad. ¡Ni Roma, ni el Nuremberg de Wagner se construyeron en un solo día!

Javblubr.gif (1437 bytes)