La agricultura del siglo XX en Llumes

Lo expuesto aquí pertenece a la tradición oral, a los testimonios recogidos de los mayores; por tanto aunque el titulo parezca científico el contenido no lo es, y esta abierto a modificaciones y otras interpretaciones que nos ireis indicando. Este espacio se tiene que ir enriqueciendo con las aportaciones de todos los habitantes de Llumes y servirá para que las nuevas generaciones conozcan como era y como se llamaban los distintos lugares de su Pueblo, y donde y como trabajaron sus antepasados. Lo teneis que leer con espíritu critico para enriquecerlo con vuestras puntualizaciones. Puede que dentro de cien años o solo de quince cuando crezcan los niños de ahora, alguno sienta inquietud o curiosidad de cómo era y se vivía en su pueblo. Lo hacemos para ellos.

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Geográficamente Llumes es un valle completamente cerrado, excepto por la entrada y salida del río. La entrada al Sur junto al termino municipal de Cimballa, y la salida al Norte por "La Calderera" junto al termino municipal de Nuevalos. La zona de regadío se extiende a los dos lados del río, que circula en dos brazos paralelos, y que en algunos tramos deja el suficiente espacio entro los dos ríos para cultivar; este espacio recibe siempre el nombre de "enterrío", y el apellido de la zona del río en que se encuentra.

El valle se ensancha en la zona central del termino, permitiendo el regadío en esta zona hasta casi un Km. hacia el Este y otro tanto hacia el Oeste. Si nos situamos en la entrada del valle, junto al termino de Cimballa y nos orientamos siguiendo el sentido de la corriente, encontramos los siguientes "parajes" (son topónimos locales, los nombres con que tradicionalmente se nombraba cada zona, y son generales, pueden incluir a otros que se refieren a zonas mas pequeñas). A la derecha de los ríos "la higuera" y a su izquierda "el motor" y "el piojar"; a partir de los puentes que salen a la carretera de Cimballa o "puentes viejos" tenemos a la derecha de los ríos "la pieza cuarenta" y debajo "la mota" y mas al este "el pielago" y a su izquierda "la correntia"; desde las primeras casas del pueblo o barrio de "allá arriba" encontramos a la derecha "la clave", y a la izquierda "la pieza del oro", y mas a la izquierda a unos dos metros elevado sobre el anterior el regadío mas reciente de "el polvoral"; desde la zona principal del pueblo tenemos a la derecha "el prao de Llumes" y a la izquierda .......

En cuanto a los montes que rodean al valle: se encuentran elevados unos cien metros sobre este, y terminan en pequeñas mesetas, donde se localiza el pobre secano de Llumes. Si nos situamos en el mismo punto, en la entrada del río al Valle, junto al termino de Cimballa, mirando en sentido de la corriente y hacemos una vista circular del valle, vemos: a nuestra derecha "el ballestar", que llega hasta donde comienza la subida de "el alto de la nava" en la carretera a Monterde; a los pies de esta elevación se encuentra una zona de secano dentro del valle que es "la hoya de Llumes"; desde el "alto de la nava" y hasta encontrar de nuevo el río en la zona de "la calderera" están "los llanos" y "los quemaos"; siguiendo el circulo, al otro lado del río y hasta la carretera que va al cruce de "valdetajas" esta el "alto el royo"; y desde aquí hasta cerrar el circulo en el punto de partida están "la cabadilla" y mas arriba "el calaporro".

El valle de Llumes era a hacia el 1.900 algo mas parecido a una marisma o un cañaveral que a la huerta que conocemos ahora; el río se perdía en riachuelos y pielagos llenos de carrizo, y con una situación irregular de las zonas de tierra que no eran llanas en absoluto. Las tierras del valle se usaban como pastizales; toda la zona de la "pieza cuarenta", "pielago", y "clave" se inundaba temporalmente para enriquecer su suelo y promover el crecimiento de los pastos; el vestigio que muestra esta practica se encuentra en la "pieza" llamada "la pared", en la zona de "la clave", y consiste en un muro de piedra y argamasa (arena y cal o algún tipo de yeso extraído de la pieza de "la viña", en una ladera cultivada mas allá de "la correntía", donde aun se pueden ver los restos de la extracción); el muro tiene mas de un metro de ancho y se extiende desde el río hasta "el brazal de la clave"; su función era hacer de presa para conseguir el embalse de todas las tierras citadas, desde "la pared" hasta "la pieza cuarenta". Hacia principios de siglo se habla de barcas para cazar patos en lo que hoy es "la pieza del oro".

En aquella época, además del ganado, la economía se basaba en el cultivo de cereal (trigo, cebada, centeno y avena), que se realizaba en el monte, con caballerías (generalmente mulas), que labraban por parejas (yuntas). La siembra se realizaba a mano usando un saco de ráfia: se ataban los extremos inferior y superior de un mismo lado cerrando el saco como en un circulo, y justo por el nudo se colgaba en el hombro, de modo que la boca abierta del saco quedaba a la altura de la cadera, por ahí se cogía el grano que se iba extendiendo a derecha e izquierda. La siega se realizaba a mano, con una mano (protegida por una especie de guante o manopla de madera llamada "zoqueta") se agarraba y agrupaba la mies, con la otra se cortaba con la hoz; se hacían pequeños montones o "gavillas", que luego se agrupaban en fajos mas grandes, que eran atados con "fencejos"; los fencejos eran largas pajas de centeno, de unos dos metros, a los que se les había quitado el grano golpeando la espiga, pero conservando esta al final de la paja; para hacerlos se cogían dos puñados de unas 30 pajas que previamente se había remojado en el río para darles flexibilidad y se hacia un nudo característico por la parte de las espigas desgranadas, de modo que quedaba una longitud de unos 4 metros totalmente flexible; para hacer los fajos, se extendía el "fencejo" en toda su longitud, y se comenzaba a colocar gavillas en el centro, sobre el nudo, el encargado de hacer el fajo recogía las gavillas, y sujetaba las que ya estaban colocadas poniendo una rodilla sobre ellas, cuando tenia el suficiente grosor, ataba los extremos del "fencejo" mediante otro nudo característico, y se ayudaba para ceñirlo con un pequeño palo ligeramente arqueado o "garrotillo". En la siega participaba toda la familia, los hombres segando, y las mujeres llevando las "gavillas" y preparando y transportando las comidas hasta el tajo, generalmente en burro; las mulas se destinaban al transporte de la mies hasta la era. Una vez en la era se extendía la mies y se pasaba sobre ella el trillo, que era una tabla de unos dos por un metros, con pequeñas aristas de pedernal en su parte inferior que separaban el grano de las espigas; del trillo tiraba una mula, y sobre el había un asiento de hierro donde se colocaba la persona que dirigía al animal. Después se separaba la paja del grano lanzándolo al aire con una horca de madera, de modo que la paja y "el tamo" o polvillo de paja se alejaban con el viento, y el grano caía al suelo; hacia la década de los cuarenta aparecieron las "aventadoras" para completar esta operación y dejar el grano mas limpio; eran unas maquinas de unos dos metros de largo, uno de ancho y uno y medio de alto, se introducía el grano por su parte superior trasera, se daba vueltas manualmente a una manivela que mediante un sistema desmultiplicador de dos ruedas dentadas accionaba unas aspas situadas en la parte delantera, estas aspas generaban una corriente de aire que propulsaba la paja y "el tamo" hacia atrás y hacia fuera; el grano caía a unas cribas metálicas, que eran movidas lateralmente por un sistema acoplado a la misma manivela, aquí se separaban otro tipo de semillas mas grandes, o granos que no habían perdido la cascara en la trilla, así como trozos de paja mas pesados; finalmente el grano caía al suelo por la parte inferior delantera, donde se había puesto una tela o tabla para que no cogiese tierra, y se ensacaba; la ciencia de la manivela consistía en darle la velocidad adecuada, si esta era excesiva se provocaba mucha corriente de aire y parte del grano salía con la paja y se perdía, si era lenta la corriente no podía levantar toda la paja y el grano seguía saliendo sucio. El mayor inconveniente de la trilla y la "aventadora" además del calor, solía ser "el tamo" que se pegaba al sudor del cuerpo y producía fuertes picores, por lo que estas jornadas solían acabar, al menos para los mozos, "de puntacabeza" en el río. Una vez llenos los sacos de grano, se llevaban al granero que solía encontrarse en la parte mas alta de la casa, en un segundo o tercer piso, los sacos se cargaban a la espalda o mas bien entre la espalda y uno de los hombros; se ataban cerrando toda la boca hacia el centro y rodeándola con una cuerda, de modo que una vez atado quedaba una porción arrugada del saco por encima de la cuerda por donde se asía para cargarlo; para cargar un saco al hombro el mozo se colocaba frente a el, sujetaba la parte que quedaba por encima de la cuerda con las dos manos, y con un fuerte tirón lo elevaba a pulso hasta su hombro, a la vez que se agachaba ligeramente para tener que levantar menos, y se giraba sobre si mismo para quedar en el momento de mayor elevación del saco dándole la espalda a este, los menos fuertes, que en aquella época debían de ser pocos, eran ayudados por otra persona que empujaba el saco poniendo las manos debajo de las esquinas inferiores o "codujones". Los segadores, además de los hombres de la casa y de otros contratados en el pueblo eran temporeros de la zona de levante "los alicantinos", que sobre todo en los inicios de la potsguerra unían la dureza del trabajo a una escasa alimentación, se dice que pasaban el día con un pan y una cebolla.

En cuanto al regadío, era más variado en cultivos; en los sesenta y setenta se cultivaba maiz que era utilizado fundamentalmente como alimento para el ganado. se sembraba grano a grano, durante la primavera y verano se cababa para eliminar las hierbas y se regaba; la recogida se hacia a mano, transportado con mulas hasta la casa, se extendía para completar su secado; se desgranaba a mano, era muy frecuente hacerlo en las noches de invierno después de la cena con la participación de toda la familia; todos se ponían en la cocina alrededor de un "balde" de zinc, donde se iban echando los granos, se hacia con los dedos o ayudado por una "pinocha" ya desgranada; era la televisión de mitad de siglo; las pinochas se usaban luego como combustible para la estufa.

Otro cultivo tradicionalmente importante hasta los ochenta, fueron las patatas. La simiente, como en todas las economías de supervivencia y tanto para este como para casi todos los cultivos aquí referidos procedían de la cosecha anterior; para todas las semillas y simientes se guardaba lo mejor del ultimo año, a veces se intercambiaban o compraban semillas y simientes de otros agricultores, si eran mejores que las propias. La preparación de la simiente era como la actual, se cortaban los bulbos en trozos, dejando en cada porción al menos una yema ("coyuntura") que pudiera brotar. La siembra se realizaba entre Marzo y Abril y para ello se necesitaba una yunta de mulas, mediante ellas se abría un surco a lo largo de la "pieza"; además del responsable de la yunta había un grupo de entre cuatro y seis personas que se encargaban de colocar la simiente; se repartían el surco en tramos iguales, y una vez que la yunta había abierto el surco en su tramo se colocaban en el centro de este e iban depositando los trozos de patata, dejándolos caer, a una distancia de unos 50 cm.; para llevar la simiente se usaban canastos de mimbre, y posteriormente "pozales"; cuando se habían completando todos los tramos del surco, la yunta abría otro, y la tierra que desplazaba el aladro cubría la simiente del anterior. Los trabajos posteriores eran: cavar las hierbas y cardos, y arrancarlas con la mano cuando las matas estaban ya altas; para cabar se usaba la "legonceta" que era una azada o "legona" mas pequeña; a veces se sulfataban contra los "patateros", una especie de escarabajo que era la única plaga conocida por entonces; se sulfataba con una mochila metálica accionada manualmente por bombeo. La recogida era en Septiembre - Octubre, el sistema era similar, una yunta de mulas labraba con un aladro, justo en el lomo del surco, donde estaban las matas, las patatas iban saliendo a la superficie, y varias personas otra vez por tramos a lo largo del surco las recogían a mano en canastos y "pozales", para llenarlas después en sacos; los sacos se ataban como los de trigo, o bien haciendo un cosido burdo de la parte abierta con una cuerda en toda la longitud de la boca, y dejando dos "orejas" o "codujones" en los extremos; debido al modo rudimentario con el que se desenterraban las patatas, al abrir el surco muchas se volvían a enterrar, por lo que se volvía a repasar toda la "pieza" del mismo modo, en ocasiones varias veces dependiendo de las condiciones de la tierra (si en la época de recogida llovía, la tierra no quedaba suelta y las patatas se quedaban pegadas en el barro y se confundían con este; después iban los "ganados" de ovejas que rebuscaban entre la tierra y aprovechaban las mas escondidas, y las que se habían desechado por rotas o por pequeñas. En los trabajos de siembra y recogida participaban siempre las mujeres, quedando el resto de trabajos a cargo exclusivo de los hombres. A finales de los 80 la siembra y arranque se mecanizaron y se empezaron a realizar con la ayuda del tractor y aperos especiales como en la actualidad.

La remolacha competía en aquella época con las patatas por las tierras de la vega y por la penosidad de los trabajos. Era el único cultivo para el que se compraba la semilla, seguramente por que no se dejaba completar el ciclo de la planta y esta no llegaba a producirlas. Las semillas eran diminutas, de menos de 1 mm. de diámetro; para sembrarlas se usaba una especie de carretilla similar a las que se usan actualmente para marcar los campos de futbol, con la diferencia de que llevaba una pequeña reja que horadaba la tierra y que mediante un sistema de ruedas dejaba caer semillas a una distancia predeterminada; debido a lo diminuto de la semilla y lo rudimentario de la maquinaria, las semillas caían a una distancia fija, pero no de una en una sino en grupos, "a golpes"; esto determinaba el primer y uno de los mas penosos trabajos de la remolacha: esclarecer; cuando las plantas tenían unos centímetros de altura, se trataba de dejar solo una en cada "golpe", a ser posible la mas desarrollada, y sin que al arrancar las otras quedase esta dañada; este trabajo se hacia con los dedos, en el participaban las mujeres que eran las únicas que usaban guantes de goma similares a los que se usan para fregar; si a un hombre se le ocurría usarlos, era motivo seguro de chanza y escarnio y duda de su hombría; de paso se arrancaban las hierbas mas grandes, y los cardos; para estos no estaba excesivamente mal visto ayudarse con un trozo de palo. A lo penoso de ir permanentemente agachado y arañando la tierra con la mano, contribuían los tábanos, abundantes en los meses de Mayo y Junio. Luego se cababa con legonetas, eliminando el resto de hierbas, prácticamente se rascaba la tierra alrededor de la planta. Después se pasaba el "aladrillo"; al contrario que en las patatas donde en la siembra quedaban listos y definidos los surcos, los procesos hasta aquí nos dejan la tierra mas o menos plana, con las plantas de remolacha alineadas a lo largo, pero sin definir el surco; para ello, usando una yunta de mulas y mediante el apero señalado se daba tierra a las plantas, dejando los surcos preparados para poder conducir el agua de riego; el "aladrillo" era un apero que llevaba una rueda de hierro delante, y detrás una "teja" que daba tierra hacia un lado, la levantaba de lo que iba a ser el hondo del surco y la depositaba en la zona de las plantas, que quedaban entonces en el "lomo" del surco. Durante el verano se regaba; y la cosecha era en otra época climáticamente dura, pero esta vez por el frío; se recogía a partir de Noviembre, aunque a veces debido a las condiciones climatológicas se prolongaba hasta Enero. Se arrancaba con "los ganchos", eran dos varillas de hierro de unos treinta centímetros de largo, por unos tres de diámetro, separados unos doce centímetros y unidos por uno de los lados entre si para acabar en un mango como los de "legona"; se clavaban en la tierra, una varilla a cada lado de la remolacha, y haciendo palanca se extraía el bulbo de la tierra, había que hacerlo con la tierra no demasiado húmeda para sacar el bulbo limpio sin barro pegado, y cuando la tierra no tenia hielo (en los meses citados y en aquella época las bajas temperaturas de la noche helaban la tierra húmeda hasta varios centímetros de profundidad y permanecía como un duro bloque hasta el sol del mediodía si lo había), si la tierra estaba helada la remolacha quedaba en un bloque con ella y se partía antes de arrancarse; otra persona iba detrás de los arrancadores haciendo montones con las remolachas; entonces entraban en juego los "esculadores", que ayudados por unos machetes cortos y con poco filo (generalmente los que se despuntaban y ya no servían para segar hierba) quitaban las hojas de la planta y limpiaban el barro del bulbo; el "esculado" se hacia con un golpe seco, aunque eran machetes curvos su utilización era mas parecida a la de los machetes planos y alargados que se usan para cortar caña de azúcar; golpeando en lugar de cortar; se dejaban entonces dos montones: uno con las remolachas limpias de barro y hojas, y otro de forraje que posteriormente servia allí mismo de alimento a las ovejas. Posteriormente se cargaba en las mulas, para ello se atrapechaban estas con "serones", eran una especie de cestas enormes hechas de tejido de esparto, que quedaban colgando a ambos lados de la mula y colgaban hasta un palmo del suelo. Todas estas manipulaciones se hacían a mano, habitualmente con humedad y con temperaturas entre - 5º C y + 10 º C, en el "esculado" intervenían las mujeres, y para el uso de guantes regían las mismas normas que para esclarecer. Cuando aparecieron los tractores la carga al remolque y posteriormente al camión se hacia con unas horcas cuyas puntas acababan en pequeñas bolas para evitar pinchar las remolachas; en realidad hacían mas las funciones de pala, pero al estar la remolacha amontonada sobre la tierra, evitaban cogerla y a la vez dejaban caer el ultimo barro que tenían los bulbos. El cultivo acabó con los cierres de las azucareras de Terrer y mas tarde de Santa Eulalia del Campo en los años ochenta.

Los frutales como explotación agrícola no aparecieron hasta los setenta, con varias plantaciones de unos 2.000 cerezos en secano, y  ya en los ochenta con los manzanos en la vega. Hasta esas fechas los arboles existentes aparecían en lindes y ribazos y en algún huerto, eran para consumo propio y en un numero tan insignificante que representaban casi cultivos exóticos; se podían encontrar peras de agua y de roma, ciruelas y "domasquinos" (albaricoques), y en cuanto a manzanas: verdedoncella, reineta y una variedad desterrada por el mercado, la hotel; era una manzana de pequeño tamaño, de forma alargada y muy cuadrada en la parte del mango, con una textura como la verdendoncella y un sabor muy característico, mas fuerte pero sin llegar al ácido de la reineta o la moderna golden. Apenas se usaban técnicas de poda, y como no se buscaba productividad en términos económicos, los arboles crecían hasta edades desconocidas; no se usaba ningún tipo de pesticida, por lo que se podía hablar de fruta totalmente ecológica. En los años ochenta había en la vega de Llumes al menos 10.000 frutales, fundamentalmente manzanos de variedad golden; se cultivaban con técnicas y maquinaria modernas. La calidad de la manzana, por ser una manzana de montaña, era escepcional tanto en sabor como en capacidad de conservación, pero paradójicamente y por el mismo motivo no seguía los cánones de moda del mercado basados en el tamaño; con lo que el precio de venta nunca alcanzo el de otras zonas mas cálidas; además la incertidumbre de las cosechas debido a los tardíos hielos de mayo, y el excesivo tiempo de maduración que se alargaba hasta octubre (por el contrario este era uno de los aspectos que le propiciaban el especial sabor), hicieron que nunca fuera un producto competitivo. La incapacidad de buscar otros circuitos de venta o de propiciar y provocar otros hábitos de consumo han provocado que a principios del siglo XXI este en total regresión.

  

La ganadería ha sido fundamentalmente ovina y practicada de forma extensiva. Hacia mitad de siglo había mas de una docena de rebaños de ovejas o ganados en todo el termino de Monterde; aunque los rebaños no eran muy numerosos, con una media de unas 250 cabezas, el numero total de reses era elevado, además se cultivaban todos los terrenos de secano capaces de producir espigas, con lo que el terreno de monte disponible para el pasto era muy limitado y disputado. Se repartían los pastos correspondientes al monte comunal (del Ayuntamiento) "las hierbas", por lotes de terreno en publica subasta; se arrendaban por un año, y a veces se subarrendaban pequeñas partes a otros ganaderos. Esta practica sigue en uso, pero debido al menor numero de cabezas ya no se provocan las disputas de aquellos años. Era frecuente que un ganado comiera en terrenos arrendados o subarrendados por otro, incluso que ganaderos de otro pueblo que pastaban en los limites municipales hicieran incursiones en otro termino municipal, por lo que la vigilancia sobre los ganados y los conflictos eran continuos. El derecho a comer la paja de los secanos se compraba o pactaba con los propietarios de las rozas (arrendatarios de las tierras de secano de propiedad municipal); y lo mismo respecto a la vega, donde se aprovechaba cualquier resto vegetal de cultivo (restos de patatas, hojas de remolacha, etc.); incluso en las pocas "piezas" donde había arboles entraban las ovejas a comer la hierba, que en aquella época no había por tanto que cortar; en estas fincas era habitual que las ovejas, y sobre todo las cabras que acompañaban a los ganados comieran los brotes y tallos jóvenes de los arboles; para impedirlo, el propietario de la finca untaba los troncos de los arboles con una mezcla de "sirle" (excrementos secos y pulverizados de las propias ovejas recogidas en los corrales) y agua, para ello se utilizaba un mocho de escoba vieja, y el ganado ante el olor de sus propios excrementos rehusaba acercarse y comía solo en el suelo. En verano se pastoreaba por la noche, se soltaba el rebaño al atardecer y se recogía a mitad de mañana, ya que con el calor las ovejas no comían y se desaprovechaba así el poco alimento existente en esa estación. Los corderos nacían en un par de épocas del año que elegían los propietarios; para que las ovejas se quedaran preñadas mas o menos a un tiempo, se usaba un rudimentario sistema: los machos del rebaño o "mardanos" de los que había media docena en cada ganado, se ataviaban con un artilugio de cuero grueso o "mandil", que atado por encima del lomo cubría la parte trasera inferior, desde la mitad del vientre hasta las patas, con lo cual era físicamente imposible que pudieran copular con las ovejas; en la época decidida por el pastor se recogían los mandiles, y los mardanos se dedicaban sin descanso a cumplir con su única labor, por lo que todas las ovejas quedaban preñadas en un corto periodo de tiempo. Generalmente nacían en el monte y eran llevados al corral de donde ya no saldrían mas que para ir a los corrales de los tratantes que en ausencia de mataderos los revendían a carniceros. En el corral se alimentaban de trigo y cebada procedentes de cosechas propias o compradas a otros agricultores; en ocasiones se sacaban al río para abrevar dos veces al día, y en otras se les llevaba el agua en pozales para que bebieran allí. Se vendían a peso, y para pesarlos se usaban las antiguas "romanas" que se colgaban de una viga del corral.

En el rebaño siempre había unas cuantas cabras, aproximadamente una docena, que abastecían de leche al pueblo, el consumo de leche era casi exclusivamente de cabra; en momentos de exceso de producción de leche se fabricaban quesos que siempre se comían frescos, a veces frito. Las cabras se ordeñaban una o dos veces al día: antes y despues de la salida y recogida del ganado. Siempre había un macho cabrío, que permitía la producción de cabritos nacidos generalmente un mes antes de Navidad, para consumo propio o para venderlos en esa época de mayor demanda y precio, el sistema de control de natalidad era el mismo que para los "mardanos". Era frecuente que las familias que no tenían ganado si poseyeran dos o tres cabras que pastaban con otro rebaño; se recogían a la vuelta de este en un pequeño corral propio para ordeñarlas y por la mañana se incorporaban en el momento de la salida; estas cabras tenían derecho al "uso" del macho, para la producción de cabritos.

En cuanto a la ganadería intensiva ha sido escasa, únicamente entre los setenta y ochenta, y centrada en los cerdos y el recrío de terneros; con unas cien cabezas de cada especie. En los ochenta y noventa existían varias granjas de conejos con tecnología mas moderna, que actualmente están improductivas.

Como en toda economía de supervivencia era obligado en todas las casas la cría, siempre para consumo propio de: cerdos (autentica base de la alimentación durante la potsguerra), gallinas, conejos, y en ocasiones pavos y patos.

 

En cuanto a la tecnología, el primer tractor apareció en Llumes en la década de los cuarenta, tenia las ruedas de hierro (sin neumático de goma). En los sesenta llego la trilladora, maquina que ahora no existe por que su función (entre otras) la realizan las modernas cosechadoras, y sustituía las labores de trilla; no tenía motor, y funcionaba conectada a un tractor por un sistema de poleas; se introducían en ella las gavillas de mies, y salía el grano limpio, y por otro lado la paja triturada, que se recogía en "arpilleras" (sacos muy grandes), para usarla como cama o comida de animales. La primera cosechadora vino en los sesenta, se la conocía como "la chocolatera", y necesitaba de tres hombres para su funcionamiento: uno conduciendo, y dos mas recogiendo el grano en sacos, ya que no disponía de tolba; los sacos se iban soltando según se llenaban, y después se pasaba con el tractor y el remolque para cargarlos uno a uno.

 

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